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Libros de Moderno para Mujeres

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La gélida venganza de la esposa genio del multimillonario

La gélida venganza de la esposa genio del multimillonario

Mi hija de cinco años ardía en fiebre de 40 grados mientras una tormenta violenta sacudía nuestro penthouse. Mi esposo, el magnate Clifton Peñaloza, no respondía mis llamadas desesperadas mientras el cuerpo de Liliana se ponía rígido por una convulsión febril. Sola y empapada, conduje hasta urgencias solo para que mi celular me mostrara la verdad en una notificación de espectáculos: en ese mismo instante, Clifton posaba en la Gala del Met, mirando con ternura a su amante, Leonora Valiente, mientras le ponía su saco sobre los hombros. En el hospital, tuve que dejar de ser la "esposa trofeo" y recuperar mi identidad secreta como prodigio médico para salvar la vida de mi hija, pero Clifton llegó solo para arrebatarme el control legal. Trasladó a Liliana a una clínica privada donde permitió que su amante manipulara a la niña, hasta que mi propia hija me gritó con miedo que me fuera porque yo era una "mala madre". Pronto descubrí el horror detrás de su traición: Clifton estaba agotando las muestras biológicas de mi madre fallecida para tratar la enfermedad de Leonora, y ahora planeaba usar a Liliana como donante de médula sin mi permiso. Me habían borrado de mi propia vida, convirtiendo mi legado familiar en una cosecha de órganos para la mujer que destruyó mi matrimonio. ¿Cómo pudo el hombre que prometió cuidarme planear sacrificar la salud de nuestra hija por el bienestar de su amante? ¿Qué clase de monstruo utiliza la ciencia de mi padre para alimentar un adulterio patológico? Esa noche, mientras Clifton dormía oliendo al perfume de otra, saqué mi laptop encriptada y reactivé mi red en Zúrich. Peñaloza pensaba que se había casado con una cara bonita, pero estaba a punto de descubrir por qué el mundo de la medicina me temía bajo el nombre de Ánima.
La fría y amarga traición del multimillonario

La fría y amarga traición del multimillonario

Casi muero en un accidente aéreo, viendo el suelo acercarse a toda velocidad, pero mi esposo, el magnate Adán Horta, ni siquiera llamó. Mientras yo me arrancaba el suero y salía cojeando del hospital bajo la lluvia, vi llegar su Bentley. El corazón me dio un vuelco, pensando que por fin venía por mí. Pero Adán pasó de largo, ignorando mi figura empapada. Se bajó y cargó en brazos a su exnovia, Casia, tratándola con una ternura que jamás tuvo conmigo, como si ella fuera de porcelana. Los seguí hasta el área de maternidad y escuché la devastadora verdad: 12 semanas de embarazo. Las cuentas eran exactas: la engendraron en nuestro tercer aniversario, mientras yo soplaba las velas sola en casa. Al confrontarlo esa noche, Adán ni siquiera se disculpó; me miró con frialdad y me sirvió una copa. "Casia es frágil, es un embarazo de riesgo. Tú eres aguantadora, Anayetzi, por eso me casé contigo. Deja el drama, firmaste un prenupcial". Pensó que, al bloquear mis tarjetas y dejarme sin un centavo en la calle, yo volvería arrastrándome a su mansión como el perro rescatado que él creía que era. Olvidó que antes de ser su esposa trofeo, yo ya sabía sobrevivir sin nada. Al día siguiente, irrumpí en su oficina frente a toda la junta directiva. Vertí una taza de café podrido sobre los contratos originales de su fusión más importante, arruinando el negocio del año. Y frente a su amante y sus empleados, me quité el suéter de cachemira y los jeans de diseñador que él había pagado, arrojándolos al suelo y quedándome de pie con dignidad. "Te devuelvo tu ropa, tu dinero y tu apellido, Adán. Pero ya no me tienes a mí". Las puertas del elevador se cerraron mientras él gritaba mi nombre, dejándolo solo con sus millones y su desastre.
La perdió para siempre, enloquecido por el remordimiento

La perdió para siempre, enloquecido por el remordimiento

Durante veinte años, Adaline fue la amada hija de la familia Singleton, hasta que una prueba de ADN reveló que fue intercambiada al nacer. Todo volvió a su legítima dueña, Elois. Pero la paz nunca llegó. Elois la incriminó falsamente, y Carter, el esposo al que Adaline había amado con locura durante diez años, la encerró en un brutal centro de rehabilitación para "curar" su maldad. Fueron cuatro años de infierno. Allí le rompieron la pierna, le arrancaron las uñas y la torturaron con electrochoques. Cuando por fin la sacaron, fue solo porque Carter exigía el divorcio para casarse con Elois. Abandonada en las calles y diagnosticada con cáncer de pulmón terminal, Adaline le rogó un pequeño préstamo para pagar el hospital. Pero él se burló, destrozó su historial médico acusándola de fingir, y le ordenó besar a un guardaespaldas para ganarse el dinero. Pasó años intentando explicar que ella era inocente, que Elois era quien ordenaba las palizas y abusos. Pero nadie le creyó jamás. ¿Por qué el hombre por el que habría dado la vida la trataba como escoria mientras protegía al monstruo que la destruyó? Con el último rastro de su dignidad pisoteado y escupiendo sangre oscura, Adaline finalmente dejó de suplicar. Con solo dos meses de vida, tomó una decisión: dejaría de amarlo, desaparecería por completo y dejaría que el remordimiento los devorara vivos cuando descubrieran la verdad.