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Libros de Moderno para Mujeres

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Los Contratos Son Nulos

Los Contratos Son Nulos

El olor a salitre se desvaneció, reemplazado por el aire viciado de la residencia de estudiantes de Santiago. Abrí los ojos en la litera, y abajo, Carmen se maquillaba con su acento pijo de Madrid, mirándome por el espejo. «¿Qué, Sofía? ¿Otro fin de semana contando telarañas? Si no tienes ni para un café, no sé cómo piensas sobrevivir». Un escalofrío me recorrió. Este momento. Ya lo había vivido. El recuerdo me golpeó como una ola: la sonrisa de Carmen, el folleto de la "asesoría financiera", el préstamo de 5.000 euros sin leer. Las llamadas. Las amenazas. Los hombres que me esperaban a la salida de clase. El club de alterne donde me obligaron a trabajar para pagar una deuda que se multiplicaba sola. Y mi padre. La imagen de su cuerpo destrozado en las rocas, el mismo mar que le dio la vida y la miseria, se había lanzado por la vergüenza de mi "trabajo". Luego, mi propia muerte. Un cuchillo de cocina en la mano, la sorpresa en la cara de Carmen antes de que todo se volviera negro. ¿Cómo era posible? ¿Cómo había terminado su vida de un modo tan brutal y desesperado, y ahora estaba aquí, de nuevo? Pero ahora estaba viva. Y con una oportunidad. En esa oscuridad, en el umbral entre una vida y otra, había aprendido algo. Usura. La palabra resonaba en mi cabeza. En España, los préstamos con intereses abusivos son un delito. Los contratos son nulos. Miré a Carmen. El odio ardía en mí, pero lo apagué. Mi voz salió temblorosa, tal como ella esperaba. «¿De verdad? ¿Tu familia me podría prestar dinero?». Esta vez, el infierno no sería para mí. Sería para ellos.
Gato escaldado, del agua fría huye

Gato escaldado, del agua fría huye

Se suponía que mi matrimonio con Mathias me haría la mujer más feliz del mundo. Aunque sabía que él no me amaba, pensé que se enamoraría de mí una vez que lo colmara de amor. Ya pasaron cinco años y Mathias me trataba como a una cualquiera. Para colmo, conoció a su verdadero amor y cortó todos los lazos conmigo por culpa de ella. Él la presentó a todo el mundo; algo que nunca hizo por mí. Su infidelidad me llevó a la depresión. Me sentía totalmente destrozada. Tristemente, incluso en mi lecho de muerte, mi supuesto marido nunca apareció. Cuando volví a abrir los ojos, sabía que el destino me había dado una segunda oportunidad. Yo todavía era la esposa de Mathias y pasamos dos meses antes de que conociera a su verdadero amor. En esta vida, me negué a que él volviera a lastimarme. Consciente del gran error de mi antigua yo, le pedí el divorcio. Mathias rompió los papeles del divorcio una y otra vez y al mismo tiempo me encerró. "¡Rylie, deja de hacer estupideces! ¡Hacerte la difícil no me funciona!". Para demostrarle que hablaba muy en serio, seguí adelante y solicité a la justicia. Finalmente entró en pánico. Abandonó a la "mujer de sus sueños" y se arrastró a mi lado. "Por favor, dame una segunda oportunidad, Rylie. Te prometo amarte con todo mi corazón. Serás la única mujer en mi corazón de ahora en adelante. No me dejes, ¿de acuerdo?". Una guerra estalló en mi mente. Por un lado, no quería que me hicieran daño otra vez. Pero, por otro lado, no quería dejar ir al hombre que amaba tanto. ¡¿Qué debo hacer?!
El Sabor de la Venganza

El Sabor de la Venganza

El aire en la cocina de "El Alma" estaba cargado, no por el servicio, sino por Jaramillo. Un narcotraficante brutal acababa de ser arrestado, y su defensa quería un evento benéfico para limpiar su imagen. Mi pasante, Camila, brillaba de ambición: "Sofía, por favor, déjame encargarme." Pero era demasiado arriesgado, la reputación de ese hombre, veneno puro. Mi no rotundo la transformó, la admiración convertida en resentimiento. Mateo, mi novio y socio, intervino, siempre defendiéndola. "No seas tan dura, solo quiere demostrar lo que vale." Ignoré su condescendencia. Mi decisión estaba tomada. Furiosa, Camila se quitó el delantal y lo tiró al suelo. "¡Renuncio! Me voy a México, allí sí valorarán mi talento." Mateo me miró con una frialdad que me heló: "¿Ves lo que has hecho? La has humillado." A pesar de todo, organicé el evento. Fue un éxito rotundo, mi fama se disparó, pero con un vacío. Años después, embarazada de ocho meses, creyendo que el pasado estaba enterrado, Jaramillo salió de prisión. Mateo llegó a casa con una sonrisa extraña. Me ofreció un jugo. Lo siguiente que recuerdo es despertar atada. Jaramillo estaba frente a mí. Mateo a su lado: "Ella te saboteó, Patrón. Si le hubiera dado el evento a Camila, tú estarías libre. Pero la humilló, la obligó a irse." La tortura fue indescriptible. Sentí la vida de mi bebé apagarse antes que la mía. Mientras la oscuridad me envolvía, escuché a Mateo, un susurro venenoso: "Camila murió en un tiroteo de cárteles. Esto es por ella. Te lo merecías." Morí. Pero entonces, abrí los ojos. Estaba en la cocina de "El Alma" . El sol entraba por la ventana. Camila estaba frente a mí, con los ojos llenos de súplica: "Sofía, por favor, déjame encargarme de esto. Es la oportunidad de mi vida." La sangre, el dolor, la traición eran tan reales que casi me ahogan. Pero en lugar de gritar, sonreí. Una sonrisa fría y afilada. "Claro, Camila. El proyecto es todo tuyo."
De la traición al éxito: El ascenso de una heredera oculta

De la traición al éxito: El ascenso de una heredera oculta

En la víspera de nuestro compromiso, descubrí que mi prometido nunca había superado a su primer amor. Durante tres años de relación, fingí ser fea y tonta, transformándolo con mis propias manos de hijo de la empleada doméstica en el heredero de una fortuna. Y él permitió que su primer amor me acusara falsamente de "robo", ¡e incluso contrató secuestradores para que me violaran! Al teléfono, su voz era gélida: "Esta monstruosa robó los logros de mi primer amor. Hagan con ella lo que quieran". Escuché esa voz tan familiar y reí entre lágrimas. Había fingido ser fea y tonta por tanto tiempo que seguramente olvidó que yo era la verdadera hija del hombre más rico. Ya que así era, dejé de actuar. ¿Mis compañeros se burlaban de que era una palurda? Me quité el disfraz y mi verdadera belleza dejó a todos boquiabiertos. ¿Mi primer amor robó los frutos de mi proyecto? ¡Contraataqué haciendo paralizar todo el proyecto! ¿Mi ex se aprovechaba de su influencia? ¡Con una sola frase hice que su padre se inclinara para disculparse! Toda la universidad estaba alborotada, especulando locamente sobre qué poderoso me protegía. Mi padre, el hombre más rico, apareció con calma: "Ella es mi hija". El mejor médico del país siguió sus pasos: "¿Quién se atreve a meterse con mi mentora?". El heredero del imperio global de armas me abrazó en público, reclamando sus derechos: "Repito, esta es mi esposa". Mi ex finalmente enloqueció, arrodillándose ante mí con los ojos rojos y suplicando que volviera con él...
El regreso tecnológico multimillonario de la esposa fantasma

El regreso tecnológico multimillonario de la esposa fantasma

Regresé a casa el día de mi cumpleaños y nadie fue a buscarme al aeropuerto. Al entrar al penthouse, encontré a mi esposo y a mi hija arreglados, pero no para mí. Iban a la fiesta de mi media hermana, Adelaida. Mi esposo Gael ni siquiera recordaba la fecha. Mi hija Elisa, abrazada a un unicornio que yo le había prohibido por ser "basura", ni siquiera corrió a saludarme; se escondió detrás de su padre como si yo fuera una extraña. Esa misma noche, mientras cenaba sola en la calle, me llegó una notificación. Era una historia de Instagram de Adelaida. En el video, mi hija decía a la cámara con una sonrisa manchada de chocolate: "¡La tía Adelaida es un millón de veces mejor! Mami es mala, me obliga a comer brócoli. ¡Tú eres la mejor!" Gael se reía de fondo, celebrando que la "sargento" no estuviera. Todo mi esfuerzo por cuidar la salud de mi hija era visto como opresión, mientras que la negligencia azucarada de mi hermana era amor. Me di cuenta de que en esa foto familiar perfecta, yo sobraba. Comprendí que no podía ganar esa batalla siendo la esposa regañona. Así que esa noche no hice una escena. Fui al despacho, saqué el acuerdo de divorcio oculto y taché con tinta negra la solicitud de custodia y pensión. Dejé mi anillo de diamantes sobre el sobre y salí de la casa con una sola maleta y un disco duro encriptado. Ellos creían que Eloísa, la esposa sumisa, se había ido a llorar a un hotel. No sabían que quien acababa de despertar era "Fantasma", la genio informática que construyó la fortuna de su empresa, y que estaba a punto de desconectarles la vida digital uno por uno.
El Precio del Heredero

El Precio del Heredero

En nuestro quinto aniversario de bodas, Ricardo, el magnate, me sonreía para las cámaras, pero la sombra de la infertilidad se cernía sobre nosotros. La presión de su madre por un heredero era asfixiante, y yo, Sofía Romero, me sentía la mujer más afortunada, ignorando la verdad que pronto destruiría mi mundo perfecto. Un día, lo vi. Mi esposo Ricardo, abandonando una clínica de fertilidad, no estaba solo; una mujer elegante y visiblemente embarazada caminaba a su lado con una familiaridad escalofriante. ¿Quién era esa mujer? ¿Por qué Ricardo, mi esposo supuestamente "estéril", estaba con ella en una clínica de infertilidad? Mi mente era un torbellino de dudas, pero mis sospechas se confirmaron con el recibo de la clínica en su bolsillo y, al día siguiente, con la tortura de escuchar a su amante contestar el teléfono desde nuestra cama. La traición me asfixiaba, pero no había terminado. Mientras estaba en el hospital fingiendo estar enferma, lo escuché decir que iba con ella; lo seguí y descubrí el horror. La amante, la mujer del brazo de mi esposo, también estaba embarazada, con una abultada panza que no dejaba lugar a dudas. Mi matrimonio era una farsa, mi vida una mentira. Cuando regresé a casa, encontré un sobre con fotos de la doble vida de Ricardo, y una nota que confirmaba mis peores miedos: la infidelidad había comenzado cuando sus médicos le informaron de su propia infertilidad. ¡Un año, un año entero de mentiras!, mientras yo sufría tratamientos dolorosos. La amargura y la rabia tomaron el lugar de mi amor. Me humilló, me encerró en nuestra casa, mi jaula de oro, para controlarme. Entonces, su amante, Ana, una mujer tan cruel como Ricardo, apareció en mi casa con sus amigas y, en un acto de pura maldad, me desfiguró la cara. Pero lo que no sabían es que de las cenizas nacerá la furia.
El Secreto de Mateo: Un Padre

El Secreto de Mateo: Un Padre

El champán burbujeaba en "Alma de Fuego", mi restaurante, mientras celebrábamos a Mateo, mi hijo campeón de ciclismo. Pero la puerta se abrió de golpe y Sofía, mi esposa, entró con Javier, mi "mejor amigo", con rostros congelados. "Esta celebración se basa en una mentira", soltó Sofía, anunciando que yo había ocultado la "verdad" de Mateo durante dieciocho años. Mi cuerpo se tensó, observando a mi alrededor mientras veía a sus buitres familiares relamerse por mi caída. Mateo, mi orgullo, se interpuso, defendiéndome con furia: "¿Qué demonios están haciendo? Esta es la noche de mi papá". "Javier es tu verdadero padre, él te dio la vida", me interrumpió Sofía, con una voz falsamente dulce. "¿Tú te atreves a hablar de secretos?", le espetó Mateo, rompiendo mi fachada con su lealtad inquebrantable. Sofía, desquiciada, gritó: "¡Todos saben que nunca pudiste tener hijos, Ricardo! ¡Este es el hijo de Javier!". El linaje de los Mendoza se acababa, vociferaba la tía Elena, mientras los parásitos de su familia relinchaban de alegría. "¡Seguridad! ¡Saquen a esta gente de aquí!", ordenó Mateo, con una autoridad que me llenó de un orgullo inmenso. Confirmaron que traían una prueba de ADN que aclararía "todo" y sentir la mano de Mateo buscar la mía me partió el alma. "No te preocupes, hijo. Tú y yo sabemos quiénes somos", le susurré, mientras mis ojos me suplicaban que no lo decepcionara. Y entonces, con mi voz temblorosa, le di gusto a la víbora: "Sofía... si esto es verdad... ¿qué pasará ahora?". "Podrás quedarte con el restaurante, es lo único que te queda", respondió, con la clara intención de apoderarse de mis propiedades. Sabía que querían destruirme. Querían mi dinero, mi alma. Pero ese día, yo tenía mi propia sorpresa.
La esposa descartada es multimillonaria

La esposa descartada es multimillonaria

El papel temblaba en mis manos: 0% de compatibilidad. Tras tres años de matrimonio con José Villarreal, la prueba de ADN confirmó que yo no era la heredera de la familia Woods, sino un supuesto fraude. Mi suegra, Doña Beatriz, irrumpió en el estudio escoltada por un batallón de abogados. Arrojó los papeles del divorcio sobre el escritorio con una satisfacción venenosa, llamándome parásito y desecho humano mientras me exigía firmar mi propia sentencia de ruina. Esperé desesperadamente a José, rezando para que los tres años que compartimos significaran algo. Pero cuando entró, me esquivó con una indiferencia glacial y, sin siquiera mirarme a los ojos, solo pronunció una palabra cargada de desprecio: "Firma". Me obligaron a devolver cada joya, arrancándome el anillo de compromiso del dedo hasta dejarme la piel en carne viva. Me echaron de la mansión a pie bajo una tormenta eléctrica, prohibiéndome usar cualquier coche de la familia y dejándome sola con una maleta rota en mitad de la noche. Caminé hasta colapsar en el barro, llorando por un hombre que acababa de declararme que nuestro matrimonio solo había sido una transacción comercial fallida. No podía entender cómo el hombre al que le entregué mi vida podía verme desaparecer bajo la lluvia sin mover un solo dedo. Lo que los Villarreal no imaginaban es que, mientras me daban por muerta, mi verdadera familia, el imperio multimillonario de los Hines, venía a rescatarme. Seis años después, ya no soy la esposa sumisa, sino la Dra. Mandy, la neurocirujana más poderosa del mundo, y el destino acaba de poner al hijo de José en mi hospital rogándome que salve a su padre.
El Rival Me Salvó

El Rival Me Salvó

El recuerdo de la traición de mi padre era una sombra que me perseguía, incluso en mis momentos más felices. Años de esfuerzo, de soñar con mi propio restaurante, de construir un futuro; años que se desvanecieron cuando descubrí que él había vendido mis recetas, mis ideas, para salvar sus negocios fallidos. Lo perdoné, porque creí en su arrepentimiento. Fui una tonta. Pero esta noche, mi fiesta de compromiso, todo parecía perfecto. Mi prometido, Ricardo Vargas, me sostenía la mano, sus ojos fijos en mí. "¿Feliz, mi amor?" Mi padre, el gran chef Don Emilio Romero, brindaba por nuestra unión. Sentía el calor del momento, tratando de ignorar esa pequeña voz que me decía que todo esto era demasiado bueno para ser verdad. Un segundo después, una notificación anónima en mi celular destrozó la fantasía. Era una foto: Ricardo, mi Ricardo, besando a otra mujer, ¡con un vestido de novia! Era Rebeca, la hija del socio de mi padre, y la foto tenía apenas una semana. Mi mundo se detuvo, mi celular cayó al suelo. Luego, un mensaje de audio de Rebeca. "¿Te gustó mi regalo de compromiso, Sofía? Ricardo y yo llevamos cinco años juntos. Él nunca te ha amado. Solo eres la tonta chef que le servía para la alianza con tu papi." La náusea subió por mi garganta. No era solo un engaño; era una conspiración para robarme todo. Escuché a mi padre decir por teléfono: "Sofía no sospecha nada. Firmará lo que sea necesario. Una vez que tengamos su herencia, la dejaremos de lado." Y Ricardo, su voz fría: "Primero el dinero de la ingenua, luego nuestra vida juntos." Mi corazón se hizo añicos. Mi propio padre me estaba vendiendo. Salí de allí, ciega por las lágrimas, sin rumbo, sintiéndome la mujer más traicionada y humillada. Entonces, un coche negro se detuvo frente a mí. La ventanilla se bajó, revelando el rostro de Alejandro del Valle, el empresario más temido de México, el rival número uno de Ricardo Vargas y de mi padre. Sus ojos oscuros no tenían lástima, sino una especie de entendimiento. "Señorita Romero," su voz era grave y tranquila, "creo que usted y yo tenemos enemigos en común. Y creo que puedo ayudarla a recuperar lo que es suyo, y mucho más." Mientras me entregaba un dije de chile habanero y su tarjeta, la humillación se transformó en rabia, y la rabia en una fría determinación.