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Libros de Moderno para Mujeres

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El Marco del Marido, la Feroz Justicia de la Esposa

El Marco del Marido, la Feroz Justicia de la Esposa

Mi esposo, Álex Cárdenas, era el fiscal estrella de la Ciudad de México, el hombre que me salvó de un pasado oscuro. O eso creía yo. Él fue el hombre que me mandó a la cárcel, incriminándome por un crimen que no cometí para proteger a su exnovia, Catalina. Mis tres años en el Penal de Santa Martha Acatitla fueron un borrón de concreto y uniformes grises. La mujer que entró, una exitosa diseñadora gráfica que amaba a su esposo, murió ahí dentro. Cuando por fin salí, esperaba verlo a él, pero envió a un asistente para "limpiar mis malas vibras". Entonces los vi: Álex y Catalina, organizando una fiesta de "bienvenida" para mí, la mujer a la que ellos mismos metieron tras las rejas. Me pasearon como un trofeo, obligándome a beber champaña hasta que sangré internamente por una úlcera perforada. Álex, siempre el protector devoto, corrió al lado de Catalina, dejándome tirada en el suelo, desangrándome. Incluso falsificó mi informe médico, culpando de mi estado al alcohol. Yacía en esa cama de hospital, mientras los últimos restos de esperanza se marchitaban y morían. No podía llorar. El sentimiento era demasiado profundo para las lágrimas. Solo me reí, un sonido salvaje y desquiciado. Quería destruirlo. No la cárcel. Quería que lo perdiera todo. Su carrera. Su reputación. Su preciada Catalina. Quería que sintiera lo que yo sentí.
La Bailarina Despreciada Vuelve

La Bailarina Despreciada Vuelve

Siempre creí que mi vida era un cuento de hadas. Como bailarina principal, el escenario del majestuoso Teatro de la Ciudad era mi segundo hogar, y Ricardo, mi prometido y dueño de este imperio, era mi príncipe. Me había prometido el papel protagónico en "El Lago de los Cisnes", mi sueño de toda la vida. Pero ese cuento se convirtió en una pesadilla cuando Ricardo, con una frialdad gélida, anunció que el papel no sería mío. A su lado, su exnovia y "reina" de las redes sociales, Valentina, sonreía con una malicia que me helaba la sangre. "Su popularidad nos traerá una publicidad que tú, querida, simplemente no puedes ofrecer," dijo Ricardo, y esas palabras me humillaron frente a todos. La mujer que apenas podía mantenerse en puntas, me había reemplazado. A mí, Sofía, que había dedicado mi alma entera al ballet. "Las promesas cambian, Sofía, como cambian los negocios," añadió con una sonrisa cruel que desquebrajó mi mundo. Luego, la degradación final. "Necesitamos a alguien que se encargue del vestuario de las bailarinas secundarias. Una especie de asistente de guardarropa. Te quedará bien el papel." La promesa de matrimonio rota, mi carrera destrozada, mi dignidad pisoteada. El dolor en mi rodilla tras sus golpes, el sabor metálico de la sangre en mi boca, la oscuridad de ese sótano… La humillación pública por parte del hombre que amaba me dejó sin aliento, pero en medio de las lágrimas y el dolor, una chispa se encendió. Un plan. Un llamado telefónico a mi hermano, Alejandro, el rey del arte clandestino. Porque cuando te quitan todo, solo te queda la furia. Y yo, Sofía, estaba a punto de desatar una tormenta que Ricardo y Valentina nunca podrían haber imaginado.