icon 0
icon Recargar
rightIcon
icon Historia
rightIcon
icon Salir
rightIcon
icon Instalar APP
rightIcon
closeIcon

Obtenga su bonus en la App

Abrir

Libros de Urban romance para Mujeres

Top En curso Completado
El Gran Regreso de la Exesposa

El Gran Regreso de la Exesposa

Mi esposo, Braulio, se suponía que era el amor de mi vida, el hombre que prometió protegerme para siempre. En lugar de eso, fue quien más me destrozó el corazón. Me obligó a firmar los papeles del divorcio, acusándome de espionaje corporativo y de sabotear proyectos de la empresa. Todo esto mientras su primer amor, Helena, quien supuestamente estaba muerta, reaparecía embarazada de su hijo. Mi familia ya no estaba, mi madre me había desheredado y mi padre murió mientras yo trabajaba hasta tarde, una decisión de la que me arrepentiría por siempre. Me estaba muriendo, sufría un cáncer en etapa terminal, y él ni siquiera lo sabía, o no le importaba. Estaba demasiado ocupado con Helena, quien era alérgica a las flores que yo cuidaba para él, las que él amaba porque Helena las amaba. Me acusó de tener una aventura con mi hermano adoptivo, Camilo, que también era mi médico, la única persona que de verdad se preocupaba por mí. Me llamó asquerosa, un esqueleto, y me dijo que nadie me amaba. Tenía tanto miedo de que, si me defendía, perdería hasta el derecho de escuchar su voz por teléfono. Era tan débil, tan patética. Pero no iba a dejar que ganara. Firmé los papeles del divorcio, entregándole el Grupo Garza, la empresa que siempre quiso destruir. Fingí mi muerte, esperando que por fin fuera feliz. Pero me equivoqué. Tres años después, regresé como Aurora Morgan, una mujer poderosa con una nueva identidad, lista para hacerle pagar por todo lo que me había hecho.
Promesa Rota, Amor Hallado

Promesa Rota, Amor Hallado

Ricardo "Ricky" Morales y Sofía "La Sombra" Delgado, sicarios de élite de la Ciudad de México, eran una pareja letal, veintidós años juntos, compartiendo cama y balas. Pero esa noche, después de una misión, Sofía lo despertó con una patada: "Muévete, Ricky. Roncas como un cerdo". Ricky creyó que su frialdad era una coraza, que un día se derretiría por él. Seis meses atrás, un contrato para proteger a Mateo Reyes, un empresario carismático, lo cambió todo. Ricky vio una ternura en los ojos de Sofía por Mateo que nunca le dedicó a él. La regla número uno de su profesión, la distancia emocional, Sofía la rompió en mil pedazos. La vio espiar a Mateo ducharse. En ese instante, Ricky comprendió que la frialdad de Sofía no era innata; su deseo, su anhelo, nunca habían sido para él. Veinte años de lealtad, de amor silencioso, se hicieron cenizas. Marcó un número que no usaba en años: "Abuelo, ¿esa chica de la familia Mendoza, la que decían que estaba mal de la cabeza, sigue viva?" "Sí, Isabella… sigue aquí." "Acepto", dijo Ricky con voz hueca. "Acepto casarme con ella." Al regresar a la mansión, vio a Sofía riendo con Mateo, una sonrisa llena de devoción que le revolvió el estómago. Quiso herirla, así que se acercó: "Mateo, Sofía me confesó que cree que está embarazada. Y que el hijo es tuyo". Sofía, furiosa, gritó: "¡No le creas! ¡Está mintiendo!" Pero Mateo, visiblemente incómodo, se alejó. Sofía corrió tras él, jurándole que Ricky mentía. Luego, lo que destrozó a Ricky: Sofía besó a Mateo, tembló en sus brazos, una vulnerabilidad que nunca le mostró a nadie. La pregunta de Mateo flotó en el aire: "¿Realmente está tan obsesionado? Debiste darte cuenta, ¿no?". Sofía, al ver a un guardia y a Ricky cerca, gritó: "¡ESE TIPO ESTÁ OBSESIONADO CONMIGO! ¡INVENTA MENTIRAS PORQUE NO PUEDE ACEPTAR QUE NUNCA ME INTERESARÍA EN ALGUIEN COMO ÉL! ¡ES REPULSIVO!". Mateo intervino, protegiéndola, llamando a Ricky obsesivo. Ricky sintió la humillación, buscando un rincón para lamerse las heridas. Oculto, los escuchó: Mateo: "Te amo, Sofía". Sofía: "Yo también te amo, Mateo". Mateo, cruelmente, preguntó a Sofía sobre Ricky: "Ese tipo, Ricky… ¿Realmente está tan obsesionado? Debiste darte cuenta, ¿no?". Y Sofía respondió, como un veneno directo al alma de Ricky: "Siempre ha sido así. Un perro faldero. Patético". En ese momento, Mateo levantó la vista, sus ojos se encontraron con los de Ricky a través de la rendija. Una sonrisa triunfante y cruel lo confirmó: Mateo lo hizo a propósito. Ricky, con una furia helada, salió. Vio que Mateo llevaba un colgante: una bala, la que él mismo se quitó del hombro hace cinco años al salvar a Sofía. Ella, al verlo, no dijo nada. "No significaba nada", admitió Sofía de la bala-amuleto. El último vestigio de amor de Ricky se extinguió. Fue despedido por la organización. Pero para su sorpresa, su abuelo lo esperaba afuera, confirmando el matrimonio arreglado con Isabella Mendoza, "la loca". Dos semanas después, Sofía lo encontró en la hacienda. Delgada, rota, clamó: "¡Estaba ciega! Te quiero a ti, Ricky. Siempre te he querido a ti." Ricky se rio: "¿Me quieres? ¿Ahora? Tu amor es muy conveniente." Sofía mintió: "Nunca me acosté con él". Ricky, asqueado, reveló que los había escuchado en el jardín. Isabella, silenciosa, se acercó, tomando la mano de Ricky. Los celos de Sofía explotaron: "¿Y tú quién eres para tocarlo? ¿La loquita? ¿Crees que puedes reemplazarme?". Bella, firme, le ordenó: "Vete. No eres bienvenida aquí". La furia de Sofía se desató: "¡Él es mío! ¡Veinte años! ¡Le di veinte años de mi vida!" Ricky, furioso por sus insultos, le dio una bofetada a Sofía: "No vuelvas a hablarle así. Ella es Isabella Mendoza. Mi prometida. Mi futura esposa. Y vale más que tú y todas tus mentiras juntas." Sofía se derrumbó: "Ricky, por favor, no me hagas esto…". Ricky la apartó con frialdad: "Se acabó, Sofía. Te di veinte años para que me eligieras. Elegiste a otro. Ahora yo he elegido a otra persona. Vive con eso". Ricky, de la mano de Bella, entró en la hacienda, lejos de Sofía, quien quedó llorando sola en el polvo. El día de la boda, Sofía irrumpió en la capilla, demacrada y febril: "¡No puedes casarte con ella, Ricky! ¡No puedes! Es a mí a quien amas. Ella es una loca". Bella, con inusual autoridad, enfrentó a Sofía: "Señorita Delgado, creo que ya ha dicho suficiente". Ordenó a los guardias: "Acompañen a esta mujer fuera de mi propiedad. Si se resiste, no duden en usar la fuerza necesaria". Sofía luchó gritando: "¡Ricky, dile algo! ¡No dejes que me haga esto! ¡Tú me lo prometiste! ¡Me dijiste que me esperarías!". Pero Ricky, cansado, miró a su prometida y dijo: "Acepto". Justo cuando se besaron, un alboroto fuera de la capilla. Ricky y Bella corrieron, encontrando a Sofía sobre Mateo Reyes, apuñalándolo repetidamente con un cuchillo de jardín ensangrentado. "¡Tú me lo quitaste! ¡Todo es tu culpa!", gritaba. Luego, con una sonrisa demencial: "Ricky, mi amor, ya me deshice del problema". Ricky, horrorizado, protegió a Bella. Los guardias se llevaron a Sofía. Mateo sobrevivió con secuelas. En su luna de miel, Bella le reveló su verdad a Ricky: "Mi familia me veía como un activo. Me enamoré y ellos lo destruyeron. Fingí locura para que me dejaran en paz". Ricky, conmovido, preguntó por qué se casó con él. Bella le mostró dos caramelos de fresa viejos: "Éramos niños. Tú llorabas porque tu hermano te quitó un juguete. Te di mis caramelos. Fue la primera vez que sentí que había hecho algo bueno. Nunca te olvidé, Ricardo. Cuando tu abuelo propuso el matrimonio, supe que eras tú". Las lágrimas corrieron por las mejillas de Ricky. "Te he amado desde ese día en el jardín, Ricardo. En secreto, durante todos estos años." Ricky la abrazó, encontrando finalmente la paz junto a Isabella, su esposa.
Un Futuro Escrito con Amor

Un Futuro Escrito con Amor

Conocí a Ricardo Solís por primera vez como una humilde pasante en el prestigioso "Bufete Solís". Nunca imaginé que mi destino se entrelazaría con el suyo de la forma más retorcida. La abuela de Ricardo, Elena Solís, la matriarca del bufete, me hizo una propuesta que no pude rechazar: ascender a asistente personal de su nieto, con la condición de seducirlo y que se casara conmigo en seis meses, o perdería todo. Intenté de todo para llamar su atención, pero él era un témpano de hielo. Hasta que, bajo la presión de Elena, me vi obligada a recurrir a un acto desesperado: drogar a Ricardo en una gala. La noche siguiente, me desperté sola en una suite de hotel, con un fajo de billetes y una nota de Elena confirmando que "mi puesto estaba seguro". Pero la mirada de Ricardo al día siguiente, ni enfadada ni fría, sino extrañamente intrigada, me hizo comprender que él sabía. La cruda verdad es que no sólo no me despidió, sino que empezó a acercarse a mí. Pronto, me enamoré perdidamente del hombre al que había engañado. Pero mi felicidad duró poco. Elena me recordó mi lugar: yo era un "medio para un fin". Y el fin llegó en la siguiente gala de la empresa, cuando Elena anunció el compromiso de Ricardo con otra mujer. Destrozada, huí de esa vida y de esa ciudad, llevándome el "bono" de Elena y una verdad impactante. Sola en un pueblo costero, me enfrenté a la realidad. No era un ascenso; era una prueba de embarazo con dos líneas. Cinco años después, mi hijo, Leo, la viva imagen de su padre, crecía feliz en "El Refugio de las Palabras", mi pequeña librería. Nuestro mundo idílico se vino abajo cuando Ricardo Solís apareció en la puerta de mi tienda. La conversación que siguió en la playa reveló verdades impactantes. La frialdad de Ricardo, el "accidente" de las pastillas, su conocimiento del engaño... todo fue parte de su propio y desesperado plan para escapar del control de su abuela. Cuando Elena llegó para reclamar a su "heredero", Ricardo, sin dudarlo, defendió nuestra familia. Se quedó, renunció a su carrera, construyó una nueva vida para nosotros. Y mientras caminábamos por la playa, Leo correteando delante de nosotros, me preguntó: "¿Te casarías conmigo?"
Ojos Febriles, Alma Rota

Ojos Febriles, Alma Rota

Mateo Rojas, un arquitecto con una vida aparentemente perfecta, cimentó su matrimonio de cinco años con Sofía en una promesa inquebrantable: lealtad absoluta. "El Faro", nuestro majestuoso edificio Art Decó, era el símbolo de nuestra unión inexpugnable. Pero en nuestro quinto aniversario, al ir a su galería para una sorpresa, mi mundo se desmoronó al descubrir una escultura hiperrealista de Sofía, desnuda, obra de Leo, el artista callejero obsesivo que ella defendía. El shock no fue la ofensa, sino el orgullo radiante en sus ojos al ver su propia profanación. Desde ese instante, mi vida se convirtió en una pesadilla. Los ojos febriles de Leo acechaban en mi estudio, Sofía abandonaba citas cruciales -incluso me dejó tirado en una avenida, costándome el contrato de mi vida- para calmar las crisis manipuladoras de su "musa". Un chupetón en su cuello y un tango íntimo en una milonga clandestina, el baile que destruyó a mi padre, confirmaron la cruda realidad de su traición. ¿Cómo pudo pisotear nuestra promesa, profanar nuestro santuario e incurrir en cada una de mis peores pesadillas? El asco se apoderó de mí. La traición no era solo física; era la destrucción de mi identidad, mi legado y mi alma. Pero la rabia silenciosa me dio claridad. Recordé la cláusula de infidelidad en el acuerdo de "El Faro". Con una frialdad inusitada, contacté a mi vieja rival, Valentina Morales, para vender el edificio, sacrificialmente, a un fondo de Dubái. Me iría, sí, pero mi desaparición sería el primer acto de una venganza meticulosamente orquestada.
Más allá de la traición: Nuestra inesperada historia de amor

Más allá de la traición: Nuestra inesperada historia de amor

Desperté en la cama de un hospital después de un brutal accidente automovilístico que me destrozó. Tenía un prometido poderoso, Cristian de la Garza, y un proyecto revolucionario que era el trabajo de mi vida, destinado a fusionar los imperios de nuestras dos familias. Las primeras palabras que escuché fueron de mi hermanastra, Brenda, diciéndome que estaba embarazada de su hijo. —Lo siento en el alma, Alia —sollozó—. Tenemos una conexión. Simplemente… pasó. Mi propio padre entró, consolándola mientras me decía que un bebé era una excelente jugada de negocios. Luego Cristian, mi prometido, pasó junto a mi cama sin siquiera mirarme, puso una mano sobre el vientre de ella y le preguntó si el bebé estaba bien. No solo me habían robado el futuro; me habían robado mi proyecto, presentándolo como suyo para asegurar su nueva unión. Ahí estaban, frente a mí. El retrato perfecto de la traición. Esperaban que gritara y me derrumbara. Me veían como un obstáculo que había que manejar, el trabajo de toda mi vida como un simple activo que liquidar. Pero no conocían mi secreto. El accidente me había dado más que heridas; me había dado una visión. Un vistazo aterrador a un futuro en el que luchaba contra ellos y lo perdía todo. Así que no les di la pelea que querían. Les di una sonrisa, el anillo de compromiso y mi bendición. Creyeron que habían ganado. No tenían ni idea de que acababan de caer en mi trampa.
Corazón Roto, Alma Fuerte

Corazón Roto, Alma Fuerte

El trauma era una sombra, un recordatorio constante de que hombres exitosos podían destruir todo a su paso. Por eso, Sofía Romero se convirtió en abogada, jurándose jamás permitir que un hombre la lastimara. Levantó muros altos y gruesos alrededor de su corazón. Hasta que Ricardo Vargas apareció. Después de siete años de promesas de amor incondicional y un futuro juntos, Sofía lo encontró besando apasionadamente a su joven clienta, Valeria Soto, en una gala. Al llegar a su apartamento, sus pertenencias estaban empacadas en una caja, y Ricardo entraba con Valeria, quien despectivamente criticaba su hogar. Ricardo, sin mirarla, le exigió la llave de su caja fuerte, conteniendo documentos cruciales y el preciado collar de su abuela. Ante su negativa, él le arrebató el bolso, la despojó de la llave y tiró el collar con desprecio. Minutos después, recibió una llamada de su colega Daniel Ortiz, informándole que su caso más importante, el de las trabajadoras de la maquiladora, se desmoronaba por una filtración y acusaciones de mala praxis. Su santuario profesional se hacía añicos. Cuando intentó ir a la oficina, Ricardo la detuvo, revelando que él mismo había filtrado la información para que Sofía, rota y vulnerable, accediera a usar sus contactos en beneficio de Valeria. "¡Fui yo, Sofía. Yo filtré la información. Necesitaba que estuvieras rota para poder pedirte este favor por Valeria!" El mundo se detuvo, y la abogada fuerte e impenetrable, se desmoronó. ¿Cómo pudo ser tan ciega? ¿Cómo pudo un hombre destruir todo lo que ella había construido? Era una trampa cruel, un acto calculado de maldad, que convertía su historia de amor en una grotesca farsa. Ricardo la había engañado, destruyendo no solo su relación, sino también su carrera y la reputación de su mentor, el señor Méndez. La sed de justicia de Sofía, una abogada en defensa de mujeres como su madre, ahora estaba encendida por una furia tan grande que amenazaba con quemar todo su mundo.
La Heredera Verdadera y Única

La Heredera Verdadera y Única

La fiesta de "Bodegas y Aceites Vega" vibraba en su apogeo. Yo, Sofía, Directora General, celebraba un éxito internacional que había forjado. La élite brindaba, pero yo sabía: "es la arribista que se casó con Javier". La celebración estalló: mi esposo, Javier, apareció con Isabel de la Torre, su primer amor, embarazada. Anunció: "Mi divorcio de Sofía... y su despido como Directora General". Luego, declaró: "Isabel, madre de mi heredero, será la nueva directora". El silencio jadeó; un cruel susurro: "Pobre ilusa". Javier, con desprecio, ofreció 10.000 euros, "legalmente no te debo nada". Isabel, acariciando su vientre, remató: "mujer estéril". Mis suegros, Ricardo y Elena, llegaron; Javier apeló a ellos. Ricardo sentenció: "Javier, haz lo que consideres mejor". Mi destino, a los ojos de todos, estaba sellado. Firmé el divorcio, mi mano firme pese a su burla. La promesa que me ataba se desvanecía. Mi calma ocultaba una verdad profunda, un sacrificio. Javier se rió: "¿Qué verdad? ¡Que eres una don nadie!". Su arrogancia ignoró la bomba que activó. Mientras me ordenaba desaparecer, miré a Ricardo y Elena, mis verdaderos padres. Pedí: "Padre, madre, ¿podrían contarles la verdad?". Ricardo rompió el silencio: "¡Silencio!". Entonces, la bomba: "Javier no es nuestro hijo biológico. Nuestra verdadera hija es Sofía. Ella es la única y verdadera heredera."
No Hay Segundas Oportunidades Para Los Tramposos

No Hay Segundas Oportunidades Para Los Tramposos

Esta noche era nuestro décimo aniversario de bodas. Mi esposo, el magnate tecnológico Damián Ferrer, reservó el hotel más caro de la ciudad para una fiesta fastuosa. Me acercó a él para las cámaras, susurrando cuánto me amaba. Un instante después, lo vi usar el código privado que desarrollamos juntos para coquetear con su amante, Kendra, justo frente a mí. Se fue de nuestra fiesta, mintiendo sobre una emergencia de trabajo, para encontrarse con ella. ¿Los fuegos artificiales de aniversario que lanzó? Eran para ella. Al día siguiente, ella apareció en nuestra casa, embarazada. Observé a través de la ventana cómo una lenta sonrisa se extendía por el rostro de él. Unas horas más tarde, ella me envió una foto de él arrodillado, pidiéndole matrimonio. Siempre me había dicho que no estaba listo para tener un hijo conmigo. Durante diez años, fui la esposa perfecta y comprensiva. También fui la experta en ciberseguridad que construyó la arquitectura que salvó a su empresa. Parecía haber olvidado esa parte. Mientras mi auto se dirigía al aeropuerto para mi desaparición planeada, nos detuvimos en un semáforo en rojo. A nuestro lado había un Rolls-Royce, decorado para una boda. Adentro estaban Damián y Kendra, él con un esmoquin y ella con un vestido blanco. Nuestras miradas se encontraron a través del cristal. Su rostro se puso pálido de la impresión. Simplemente arrojé mi teléfono por la ventana y le dije al conductor que avanzara.
Las 19 Humillaciones de Elena

Las 19 Humillaciones de Elena

"Elena, querida, sé que llevas un año casada con Iván, pero él ni siquiera te ha tocado. Es hora de ponerle fin a esta farsa." Esas fueron las palabras de Sofía Ramírez, las que marcaron el inicio de mi infierno personal: una cruel apuesta de 19 oportunidades para que mi esposo, Iván Castillo, me tocara. Si fallaba, debía firmar el divorcio y desaparecer. Mis intentos se convirtieron en 19 humillaciones: cenas románticas ignoradas, notas de amor despreciadas, palabras hirientes como "Me repugnas" o "Tu desesperación es vulgar". Él me ignoraba, me trataba con desprecio, mientras Sofía se movía a su lado como la verdadera dueña de su corazón y de nuestra casa. Pero el colmo llegó cuando, tras un incendio provocado por mi búsqueda de su atención, él me dejó tirada y sangrando, solo preocupado por el bienestar de Sofía. O cuando me forzó a mentir públicamente para proteger la reputación de su amante, exponiéndome a una multitud que me acusaba de ser la mujer de fotos escandalosas. ¡Fui alcanzada por ácido, dejando una cicatriz permanente, y él ni siquiera se dio cuenta! ¿Cómo podía haber sido tan ciega? ¿Cómo pude amar a un hombre que me humilló una y otra vez, que eligió a su amante sobre mí hasta la extenuación? ¿Por qué esta mujer me odiaba tanto y qué lazos retorcidos unían a Iván a ella? Fue entonces cuando lo supe: no iba a luchar más. Simplemente me iría, y no sola. Al final, solo quedaban ruinas y cenizas, y la promesa de que la verdadera historia saldría a la luz.