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Libros de Urban romance para Mujeres

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Juego de Inquilinos, Destino de Amantes

Juego de Inquilinos, Destino de Amantes

Sofía era la reina de su universo, "El Alma de Jalisco", la tequilera de su familia. Vivía rodeada de lujo, pero harta de la falsedad de su círculo, buscaba algo real. Un mariachi misterioso, Mateo, apareció en su vida, pareciendo la antítesis de todo lo que despreciaba. Lo llevó a su casa de huéspedes, iniciando un juego de "arrendadora y inquilino" con reglas provocadoras que solo ella conocía. Pero de repente, su mundo se hizo añicos. "Intercambio de bebés", "verdadera heredera", las palabras de su padrastro, Jorge, la arrojaron a un abismo. Su supuesta hermana, Elena, una actriz contratada por Jorge, reclamaba su fortuna. Todo, su nombre, su familia, su casa, su identidad, se desvaneció en una cruel mentira. Se quedó sin nada, humillada y traicionada por aquellos en quienes confiaba. ¿Cómo pudo ser tan ciega? ¿Y qué hacía Mateo, ese hombre que parecía tan auténtico, en la periferia de este desastre? La ironía era insoportable, su búsqueda de "lo real" la había llevado a la mayor farsa de su vida. Justo cuando pensó que no podía caer más bajo, Mateo, el mariachi que creía conocer, reveló su verdadera identidad. "Mi nombre es Mateo Garza, y el inquilino pobre ahora es tu casero". ¿Quién era realmente este hombre? ¿Un estafador disfrazado o la única ancla en su naufragio? El juego ha terminado, pero la verdadera batalla por su vida y su legado apenas comienza, ahora, bajo el techo inesperado de su antiguo inquilino.
Te Ayudaré a Exponer Tu Amor Puro

Te Ayudaré a Exponer Tu Amor Puro

Ricardo regresó a casa una semana después de nuestra pelea, desdibujado por la fatiga, ignorando mi anhelo de respuestas. Su evasión, su silencio, y esa maldita barrera de ruido que encendió en la televisión, me hicieron sentir pequeña, insignificante. Pero la verdadera fractura se reveló en su laptop: carpetas ocultas bajo el pérfido nombre "Mi Amor Verdadero", revelando dos años de un romance "platónico" con Estrella. "Eres la única mujer que he amado de verdad," le escribía mi esposo, describiendo nuestro matrimonio como un desierto, mientras ella se regodeaba en la idea de ser su "esposa ante Dios". ¡Y lo peor no era el sexo, sino esa devoción enfermiza, el dinero, los viajes, y cómo él manipuló su carrera a costa de la de otros! La verdad me golpeó mientras los veía, a él y a su "musa", brindando en el restaurante, ignorando mi existencia, y mi rabia, pura y volcánica, me cegó. Destrocé una botella de vino y grité mi dolor en ese restaurante, solo para verlo acunar a ella, no a mí, mientras yo caía al suelo, humillada. En el hospital, mi familia política me acusó de arruinar su carrera, y mi propia madre me pidió perdonar "un pequeño desliz" por el bien de la familia. La humillación se grabó a fuego cuando los vi, Ricardo y Estrella, en el jardín del hospital, él besando su cabello mientras ella lloraba, y de repente, la calma. Supe que, si querían guerra, la tendrían, y que yo, la "loca", no me divorciaría. No sin antes desatar mi propia tormenta y exponer su "amor puro" al mundo, cueste lo que cueste.
La Pena Merecida Tardía Pero Llega

La Pena Merecida Tardía Pero Llega

El olor a desinfectante me asfixiaba. En la cama del hospital, las luces brillantes del techo no me dejaban olvidar. El coche que se pasó el alto, el golpe seco contra la ventana, todo era fresco en mi memoria. Pero debajo de eso, una avalancha de recuerdos aterradores. Eran de otra vida. Una donde un accidente como este no me salvó. En esa vida, corría hacia mi destrucción. Hacia Ricardo Montiel, el influencer de sonrisa perfecta que me esperaba en un restaurante de lujo. Listos para su "gran sorpresa". La sorpresa era un anillo. Un "sí" que fue el principio de mi fin. Ricardo y Camila Soto, su socia, me despojaron de todo: mi talento, mi dinero, mi alma. Mis diseños, mi trabajo, con su nombre en la etiqueta. Yo, relegada a la sombra, alimentando su éxito. La última memoria era la más clara y fría: él riéndose, diciéndome que yo fui un "escalón necesario". Me echaron de la casa que yo pagué. Sola y en bancarrota, un coche me atropelló. Mi último pensamiento, Mateo Durán. El único que me advirtió. Una enfermera rompió mi trance. Miré el calendario digital. ¡Era el día! El día de la propuesta. ¡El accidente me había salvado! Una furia fría reemplazó el pánico. Esta vez, las cosas serían diferentes. Mi celular vibró. Ricardo. "Mi amor, ¿dónde andas? Te estoy esperando. La sorpresa de tu vida te espera, no tardes." Su voz, antes melosa, ahora me provocaba asco. "Ricardo. Se acabó. No vengas. No me busques. Terminamos." Colgué. Bloqueé su número, luego el de Camila. Sentí un alivio inmenso. Pude respirar de nuevo. La puerta se abrió de golpe. Mi tía Carmen, mi ancla, entró pálida. "¡Mija! ¿Estás bien?" "Mejor que nunca. Acabo de terminar con Ricardo." "Ya era hora," dijo mi tía, con una pequeña sonrisa. "Ese hombre nunca me dio buena espina." Pero Ricardo no aceptaba un "no". Apareció en el hospital, furioso, exigiendo explicaciones. "No me puedes dejar. No después de todo lo que me debes." Su frase, antes manipuladora, ahora solo mostraba su patetismo. Mi tía, como un látigo, lo detuvo: "Suéltala, Ricardo. Ahora mismo." Él me soltó, con una mirada venenosa. "Esto no se queda así, Sofía," prometió. La guerra acababa de empezar. Y esta vez, yo estaba lista. El dolor de la humillación, del abandono. La rabia. Pero debajo, la tristeza por la Sofía ingenua. Esa Sofía estaba muerta. Recordé la traición más grande: el departamento de mi abuela vendido para financiar su primer evento. "Una inversión en nuestro futuro," me dijo. Nunca vi un peso. Pero ahora, en esta nueva vida, el departamento era mío. La primera pieza que le arrebaté. Fue entonces cuando apareció Mateo Durán. Mi mejor amigo. El chef increíblemente talentoso. El hombre que siempre me amó en secreto. "Sof," dijo en voz baja. "Tu tía me llamó. ¿Cómo estás?" Me trajo pan de elote. Ricardo nunca recordó mi pan favorito. No iba a cometer el mismo error. Necesitaba un escudo. Una declaración de intenciones. Lo miré a los ojos. "Mateo. Cásate conmigo." El silencio. Su rostro, una mezcla de sorpresa y alivio. "¿Tú... acabas de terminar con Ricardo?" "Nunca he pensado con tanta claridad. Por favor, solo di que sí. Te lo explicaré todo." La puerta se abrió. Ricardo y Camila. Ella, hermosa y calculadora. Él, el novio herido. "¡Sofía, querida! ¡Nos enteramos y vinimos corriendo!" dijo Camila, su voz puro almíbar. Ambos se detuvieron al ver a Mateo. La mirada de Ricardo se endureció. "¿Qué hace él aquí?" espetó. Tomé la mano de Mateo, entrelazando mis dedos. "Está aquí conmigo. Le acabo de pedir que se case conmigo." La mandíbula de Camila cayó. Ricardo se puso pálido, luego rojo. "¡Qué! ¡Estás en shock! ¡No sabes lo que dices!" gritó. "Ayer me decías que me amabas. ¿Y ahora esto? ¿Con él? ¿Un simple cocinero?" La ira me encendió. "Ese 'simple cocinero' es más hombre de lo que tú serás en toda tu patética vida. Así que ahora, por favor, lárgate de mi habitación." Ricardo, derrotado, intentó culparme: "Después de todo lo que he hecho por ti. Me necesitas." Me reí. "No, Ricardo. Tú me necesitas a mí. Pero esa fuente se secó. Se acabó el juego." Mientras se iban, Ricardo me lanzó una mirada de odio, una promesa de destrucción. Pero esta vez, yo no estaba sola. Apreté la mano de Mateo. La batalla por mi futuro había comenzado. Y acababa de elegir a mi general.
De Cenicienta a Reina de Nueva York

De Cenicienta a Reina de Nueva York

—La boda sigue en pie —anunció la voz de mi madre, haciendo añicos la tranquilidad de mi penthouse en Polanco. Un matrimonio arreglado con Eduardo Garza, una reliquia del pasado de mi abuelo, se había convertido de repente en mi futuro. Creí que podría apoyarme en Daniel e Ismael, mis amigos de la infancia, mis rocas durante una misteriosa enfermedad. Pero una nueva becaria, Judith Campos, había entrado en nuestras vidas, y algo no cuadraba. Judith, con su fachada de inocencia, se convirtió rápidamente en el centro de su universo. Tropezaba, lloraba, incluso rompió deliberadamente mi premio, todo para ganarse su compasión. Daniel e Ismael, antes mis protectores, me dieron la espalda, su preocupación centrada únicamente en ella. —Angelina, ¿qué demonios te pasa? Es solo una becaria —me acusó Daniel, con la mirada gélida. Ismael añadió: —Te pasaste. Es solo una niña. Su lealtad ciega fue a más. La crisis fabricada de Judith, una llanta ponchada, los alejó de mi lado, dejándome sola. Más tarde, Daniel, enfurecido por un jarrón roto, me empujó, provocándome una herida en la cabeza. Ni siquiera se percató de mi reacción alérgica, un síntoma que antes los hacía correr a mi lado. ¿Cómo podían haberlo olvidado todo? Las picaduras de abeja, las alergias a los mariscos, las veces que me tomaron de la mano en la sala de urgencias. Las gardenias que Daniel plantó, ahora la fuente de mi sufrimiento, pasaron desapercibidas. Los miré a la cara, a los dos hombres que conocía de toda la vida, y vi a dos extraños. Mi decisión estaba tomada. Quemé nuestros recuerdos compartidos, renuncié a mi despacho y puse mi casa en venta. Los iba a dejar. A todos. Para siempre.
Esposa Olvidada En La Frigorífica

Esposa Olvidada En La Frigorífica

Tres años, toda una vida entregada a él. Sofía, yo fui la tonta que usó hasta el último centavo para rescatar a mi Mateo de la ruina, creyendo en su amor, en sus promesas. Día y noche, mi cuerpo y mi alma cuidaron a sus padres enfermos, soportando humillaciones que nadie más vio. Sacrifiqué mi primer embarazo, mi salud, todo por su "carrera", para que él, el gran Mateo, pudiera levantarse de las cenizas. Pero hoy, mi mundo se hizo pedazos. Justo frente a mí, mi esposo Mateo sostenía a otra mujer, Camila, su "amor de la juventud", la misma que lo humilló cuando no tenía nada. "Camila está embarazada", dijo, sin rastro de culpa, "y tú la vas a cuidar". ¡A mí! ¿Que la cuidara? La burla en la cara de Camila, la sonrisa de las empleadas, la furia de Mateo... sentí que me ahogaba en una pesadilla. "Solo es cuidarla un poquito. No eres una princesa, pero actúas como tal. No seas mezquina". Mezquina. Él, el hombre al que rescaté del abismo, el que ahora volvía a tenerlo todo, ¿me llamaba mezquina? "Tú eres buena cuidando gente", sentenció con la mirada fría. Mi corazón se hizo añicos al recordar las palabras de su madre a Camila: "Cuídate por el bien de mi nieto. Eres la única esperanza de esta familia". ¡La única esperanza! Era obvio. Me habían engañado a mí. ¡A mí! ¡Ellos sabían que era su hijo! ¡Todos me estaban engañando! Sentí el frío del mármol bajo mis rodillas, el dolor agudo de la caída. Quise huir, pero no sin él. No sin mi bebé. Pero, ¿realmente quería que mi hijo naciera en esta podredumbre? "¡Mateo, no quiero ir a la cámara frigorífica! ¡No! ¿Por qué me haces esto?", grité, sintiendo el pánico helado que se apoderaba de mí cuando sus empleados me arrastraban. "¡Estoy embarazada! ¡Mateo, estoy embarazada!" Me miró con desprecio, y la puerta se cerró. Estuve allí tres días y tres noches. Cuando abrieron la puerta, mis ojos ya estaban vacíos. "¿Qué otra cosa te vas a inventar ahora?". Esas palabras… Pero al salir de allí, mis ojos por fin se abrieron. Así que esto es todo lo que soy para ti, Mateo. Un mueble más en tu casa. "Estoy completamente podrido por dentro", susurré al aire. Una semana después, salí del hospital. Mateo me llamó, furioso, como siempre, pero esta vez, yo era diferente. "¿Qué soy para ti, Mateo?", pregunté, mi voz firme, "¿La tonta que te rescató de la miseria? ¿O la enfermera gratuita que cuidó día y noche a tus padres?" "¿De verdad crees que todo lo que hice, fue por un estúpido título?" "Un hombre como tú... me da asco". Colgué. Bloqueé su número. Y nunca miré atrás.
Cenicienta Empresaria

Cenicienta Empresaria

Era un día cualquiera en "Éclat", mi purgatorio de lujo, donde vendía sueños a mujeres que ya lo tenían todo. Pero esa tarde, Camila Salazar entró como un huracán, exigiendo que me arrodillara para quitarle sus tacones. Me negué, con la voz temblando por la furia contenida. "Prefiero ser despedida con dignidad que conservar un trabajo de rodillas" , le espeté. Y así fue. La puerta de cristal se cerró detrás de mí, dejándome desempleada pero extrañamente libre. Mientras ahogaba mis penas con un café barato, él apareció: Alejandro Vargas, con su sonrisa de depredador. Me hizo una oferta que sonaba a cuento de hadas: un año de lujos desmedidos, a cambio de ser... suya. "Después del año, cada quien por su lado. Te irás con una buena cantidad de dinero", prometió. Sabía que esto era una cruel apuesta orquestada por Camila para humillarme y luego verme caer. Pero lo que ellos no sabían era que la verdadera cazadora, la que había visto la trampa desde kilómetros de distancia, era yo. Acepté, y en mi mente, no fue una rendición, sino una declaración de guerra. Me volví la "cenicienta" perfecta, deslumbrada y avariciosa, mientras secretamente transformaba cada "regalo" en munición. Observé cómo su retorcido juego se desmoronaba desde adentro, alimentado por sus propios celos y mi falsa inocencia. Pero cuando llegó el día de mi "humillación final", con cámaras y sus amigos sedientos de morbo, entendí que no era el final. Era el comienzo de mi imperio. ¿Y si todo lo que creíste que era tu caída se convierte en tu más grande ascenso? ¿Qué harías si el arma de tus enemigos se transforma en el combustible de tu victoria?
La lección más cruel del multimillonario

La lección más cruel del multimillonario

Toda la ciudad decía que yo era la mujer más afortunada del mundo. Yo era la mesera de fonda que salvó al multimillonario tecnológico amnésico, Héctor Garza. Se enamoró de mí y, cuando recuperó la memoria, se casó conmigo en contra de los deseos de su familia, diciéndole al mundo que yo era su único y verdadero amor. Pero todo era una mentira. El hombre que amé se desvaneció el día que el multimillonario regresó. En su lugar apareció un monstruo posesivo que me veía como un trofeo, y acababa de encontrar una nueva obsesión: una artista llamada Génesis. Fue entonces cuando empezaron los castigos. Esta noche, porque Génesis afirmó que la había fulminado con la mirada, me arrastró a una bodega abandonada. Mi madre enferma estaba atada a una silla, rodeada de latas de gasolina abiertas. Él encendió un mechero y me dio diez segundos para confesar una mentira. El hombre que una vez hizo chambitas para comprarle sus medicinas ahora amenazaba con quemarla viva porque otra mujer había llorado. Pero todo era una actuación retorcida. Justo cuando arrojó el encendedor y las llamas estallaron, sus hombres pusieron a mi madre a salvo. “¿Ves lo que pasa cuando no eres una niña buena?”, susurró, antes de irse con Génesis. Mientras sacaba a mi madre de ese infierno, hice una llamada a un número que no había usado en años. “¿César? Necesito tu ayuda. Necesito desaparecer”. Esta vez, su mundo sería el que ardería en llamas.
Mi Ex-esposo Quiso Comprarme, Yo Le Di una Lección

Mi Ex-esposo Quiso Comprarme, Yo Le Di una Lección

Sofía Valbuena vivía la vida idílica que Madrid esperaba de ella. Casada con el impecable Alejandro de la Torre, eran la pareja perfecta, la unión de dos imperios. Pero bajo la superficie pulida, Sofía se sentía prisionera, viviendo una farsa de cristal. Una noche, su mundo se hizo añicos con un mensaje inesperado. Un video: su marido, Alejandro, besando a otra mujer en la oscuridad de un club de jazz, un beso largo, profundo y hambriento. La imagen le robó el aliento y silenciaba el ruidoso salón del Ritz. Su huida fue instintiva, un taxi a ninguna parte que la llevó a un tablao flamenco, donde se aferró a un desconocido en un acto de venganza. Al día siguiente, la indiferencia de Alejandro fue un golpe aún más frío que la traición, dejando una barata bufanda fucsia como prueba. Luego vino la humillación pública: la amante de su marido, Carla, la atacaría en un elitista evento de polo, empapándola de champán y haciéndola caer sobre cristales rotos. Pero lo peor no fue el desprecio de Carla, sino la reacción de Alejandro: la defendió a ELLA, mientras que a Sofía la miraba con frialdad y desaprobación. Incluso instaló a su amante en la mansión contigua a la nuestra, condenándome a una tortura diaria. ¿Cómo pudo ser tan ciego, tan cruel, el hombre que prometió amor y respeto? ¿Cómo podía él idealizar la "pasión" y el "duende" de una bailaora anónima, sin saber que era la misma mujer que ahora despreciaba? La ironía era una bofetada más impactante que cualquier traición física. La furia helada se apoderó de Sofía, mezclada con una revelación desgarradora: siempre había estado sola. Pero esa soledad, junto con una inesperada independencia y un amor prohibido, fue el chispazo para una batalla que Alejandro nunca vio venir. Sofía Valbuena ya no sería la víctima silenciosa; estaba lista para reclamar su vida, su dignidad y su verdadero "duende" en una confrontación final, elegante y devastadora.
Anhelando al hombre incorrecto

Anhelando al hombre incorrecto

Pasó diez años persiguiendo al hombre correcto, solo para enamorarse del incorrecto en un fin de semana. ~~~ Sloane Mercer ha estado locamente enamorada de su mejor amigo, Finn Hartley, desde la universidad. Durante diez largos años, ha estado a su lado, reparándolo cada vez que Delilah Crestfield, su novia, le destrozaba su corazón. Cuando Delilah se compromete con otro hombre, Sloane piensa que finalmente podrá tener a Finn para ella. No podría estar más equivocada. Desesperado y con el corazón roto, Finn decide presentarse en la boda de Delilah y luchar por ella una última vez. Y quiere a Sloane a su lado. A pesar de sus dudas, ella lo acompaña a Asheville, esperando que estar cerca de Finn de alguna manera lo haga verla como ella siempre lo ha visto. Todo cambia cuando conoce a Knox Hartley, el hermano mayor de Finn, un hombre que no podría ser más diferente a su amigo. Es peligrosamente magnético. Knox entiende a Sloane y se propone atraerla a su mundo. Lo que comienza como un juego arriesgado entre ellos, pronto se convierte en algo más profundo. Sloane está atrapada entre dos hermanos: uno que siempre ha roto su corazón y otro que parece decidido a conquistarlo... sin importar el costo. AVISO DE CONTENIDO: Esta historia está destinada exclusivamente a mayores de 18 años. Explora temas de romance oscuro como la obsesión y el deseo con personajes moralmente complejos. Aunque es una historia de amor, se recomienda discreción al lector.
El Precio de la Humillación

El Precio de la Humillación

El aire de la Feria de Abril aún olía a azahar cuando Máximo me pidió matrimonio. Yo le di el "sí" más dulce, creyendo en un futuro perfecto junto al hombre de mis sueños. Una semana después, en la cena familiar oficial, su madre, dueña de media Sevilla, me entregó una tarjeta de débito con una "ayudita" de 20.000 euros para el ajuar. Parecía un cuento de hadas. Pero el sueño se desmoronó brutalmente en la tienda de novias más exclusiva. La dependienta, con voz discreta, anunció: "Fondos insuficientes." De 20.000 euros, solo quedaban 500; los 19.500 euros restantes habían desaparecido. Cuando intenté aclarar lo sucedido, Máximo y su madre, con sonrisas falsas y palabras melladas, me acusaron sutilmente de derrochadora. "¿Usado? ¿Cómo iba a gastar 19.500 euros en una semana sin que nadie lo notara?", grité, pero ellos insistieron, haciéndome dudar de mi propia cordura. Incluso mis padres, deslumbrados por el apellido Castillo, me pidieron que reflexionara y me disculpara, dejándome sola y humillada. ¿Cómo iba a aceptar ser acusada de algo que no hice? ¿Cómo pudieron mis propios padres dudar de mí? La rabia me quemaba por dentro. No podía ser. Alguien me estaba tendiendo una trampa. No iba a permitir que me pisotearan así. Con la ayuda de mi amiga Sylvia, decidí tenderles una trampa a ellos. Si querían jugar, íbamos a jugar. Y yo sería la ganadora.