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Libros de Urban romance para Mujeres

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Regalame tu corazón

Regalame tu corazón

¿Qué pasa cuando metes la pata hasta lo más profundo en vísperas de navidad? O peor aún ¿Qué pasa cuando tu papá se entera de lo que has hecho? Esta es la historia de Hannah Cicarelli Sinclair, nuestra pequeña Sherlock, que ahora ya es toda una mujer y a sus dieciocho años ha decidido ser oficial de policía, lo que no sabía era que por una locura de su superior jerárquico estaría metida en un tremendo problema que llegaría a escalar hasta la seguridad nacional de su país. Por otro lado está el culpable de todos los dolores de cabeza de Hannah. El capitán Benedict Henderson, un hombre de buen corazón que ama a su familia, aunque esta haya quedado rota por la pérdida de su hermano mayor hace cinco años. Un acuerdo que los beneficia a ambos o eso es lo que creen ... Una propuesta... Dos familias poderosas que tienen ideales muy distintos... Un amor que nace de la camaradería y ayuda mutua... Una venganza mal direccionada y un niño que llega inesperadamente a sus vidas son algunas de las cosas que tendremos en esta historia auto conclusiva. Seducción, traiciones, secretos, intrigas, mentiras y sospechas, entre giros y más giros, es lo que puedes esperar de una original, divertida y un poquito, solo un poquito de comedia negra en esta historia de amor en la que nada es lo que parece. Nota al margen... Las terapias son de exclusiva responsabilidad de quién lea.
No Meteré El Error Por Segunda Vez

No Meteré El Error Por Segunda Vez

El rugido de los aplausos aturdía a Ximena, su uniforme de camarera empapado en el repugnante aroma de la riqueza ajena, mientras el hombre que destruyó su vida era vitoreado por su "periodismo valiente". Cinco años. Cinco años desde que Ricardo, su mentor y el hombre que una vez amó, le entregó la "primicia de su carrera" : una investigación sobre corrupción judicial. Ella, joven e ingenua, la publicó, sin saber que el juez involucrado era su propio padre. La imagen de papá, antes tan respetado, con la cabeza entre las manos, el periódico con SU artículo extendido frente a él, la persiguió cada día. Una semana después, papá se suicidó. Mamá, destrozada, lo siguió meses más tarde. Y Ricardo, el arquitecto de su calvario, ascendió sobre sus cenizas. Como si el infierno no fuera suficiente, lo vio en el escenario, arrodillado ante Laura, su ex-novia, proponiéndole matrimonio; el mismo Ricardo que le confesó que Laura estaba enferma y en silla de ruedas por su padre. Mentiras. Todo era una vil farsa diseñada por él, una venganza meticulosa y cruel porque su padre condenó al de Ricardo por fraude años atrás. Mientras las copas se rompían a su alrededor, el teléfono vibró: Sofía, su hija de cuatro años, su única luz, empeoraba. Su rara enfermedad de la sangre requería un trasplante de médula, un tratamiento carísimo. El único que podía pagarlo era Ricardo. En su desesperación, Ximena lo enfrentó, ofreciendo lo único que le quedaba: su corazón, para la supuesta condición cardíaca de Laura, firmando así su sentencia de muerte. Pero el tormento continuó. Ricardo, insaciable, la despidió, la humilló, la golpeó y la usó, mientras Laura se deleitaba en su sufrimiento, fingiendo manipulaciones y embarazos. Ximena, destrozada, agotada, solo aferrándose al débil latido de Sofía, descubrió que su hija era de Ricardo. Él se negó a creerle, cortando toda ayuda para Sofía. En su punto más bajo, dispuesta a dar su vida por la de su hija, el destino les jugó una carta inesperada: ambos despertaron, con todos sus recuerdos intactos, en el día posterior a la humillación pública que Ricardo le había infligido. Ximena huyó con Sofía a un pueblo costero, decidida a desaparecer del mapa de Ricardo. Pero no contaba con que Ricardo, arrepentido y consciente de su paternidad, la buscaría incansablemente, enfrentando a Laura y a su propio pasado. Ahora, con Sofía nuevamente al borde de la muerte, Ximena sabía que solo Ricardo podría salvarla. ¿Será esta su oportunidad de reescribir su historia, o la venganza los consumirá para siempre?
Mi Secreto, Tu Desprecio, Nuestro Fin

Mi Secreto, Tu Desprecio, Nuestro Fin

Mi esposa, Sofía del Valle, era mi universo. Por ella, siendo un empresario exitoso, me convertí en un "coder" común, viviendo una vida modesta, ocultando mi imperio, TecnoFuturo S.A. de C.V., para que me amara por quien era, no por mi fortuna. Pero últimamente, Sofía estaba distante, susurraba al teléfono, mencionando a Ricardo, un tipo superficial que siempre me despreció. Me llegó un mensaje del Sr. Montemayor, él, sin saberlo, me había "arreglado" una compañía especial para la noche, una de esas "bellezas" que supuestamente eran de mi "agrado". Fui al club "El Firmamento", un santuario del lujo, donde el destino me tenía preparada la escena más dolorosa: Sofía, mi Sofía, riendo con Ricardo Guzmán, él con un brazo posesivo sobre ella. "Ay, Sofía, neta que no sé qué le ves a ese godínez tuyo", dijo una de sus amigas. "Tú mereces a alguien como Ricardito, un hombre de mundo". Ricardo, con una sonrisa de tiburón, besó su mano, proclamando: "Pronto, Sofi, pronto todo esto será solo un mal recuerdo. Yo me haré cargo de ti. Ese programador de quinta no sabe cómo tratar a una reina como tú". La humillación me quemó. Nuestros ojos se encontraron; su pánico se transformó en desafío. "¿Armando? ¿Qué demonios estás haciendo aquí? ¿Acaso me estás siguiendo?", me espetó como un témpano de hielo. "¿Espiarte? Por favor, Sofía. No te creas tan importante. Tengo asuntos mucho más serios que seguirte por clubes nocturnos", respondí, mientras Ricardo me interrogaba, burlándose de mi supuesta profesión. Una idea monstruosa cruzó mi mente: ¿Sería Sofía, mi esposa, la "compañía" que Montemayor había arreglado? "Se acabó, Sofía. Mañana a primera hora, mi abogado te contactará. Quiero el divorcio", declaré con una voz muerta. Ella me detuvo, sus ojos llenos de lágrimas. "¿Qué es todo esto? No tienes derecho a espiarme". Le dije que tenía una reunión con el señor Montemayor. La risa de Ricardo y sus amigos inundó el lugar. "Montemayor? ¿Tú? Ni en tus sueños más locos. El señor Montemayor no se reúne con... gente como tú". Sofía bajó la mirada, creyéndoles. "Así que eso es lo que piensas de mí. ¿Un mentiroso?", le dije, rogándole una última oportunidad para que confiara. Ella negó. "No puedo, Armando. Te encuentro aquí, con Ricardo... ¡y tú me acusas a mí! Y luego inventas esta historia increíble sobre el señor Montemayor..." "¡No es una historia! ¡Es la maldita verdad!", grité, mientras Ricardo me empujaba. "No, Armando, no te vayas... no así", suplicó ella, con su voz rota, intentando aferrarse a mí. "Ya lo vi todo. Vi cómo te dejabas manosear por este payaso. Vi cómo te reías mientras sus amigos me llamaban 'godínez'. ¡Y lo peor de todo, vi en tus ojos que estabas de acuerdo con ellos! No hay nada más que hablar. Mañana recibirás los papeles del divorcio. Es definitivo". Me solté de su agarre, y un tipo gordo se interpuso, insultándome. El puño gordo vino hacia mí. Lo esquivé, le torcí la muñeca, y su cara se estrelló contra la barra. "¡CRAC!" Se desplomó, inconsciente. "¡Armando! ¿Qué hiciste? ¡Detente!", gritó Sofía horrorizada. Ricardo, pálido, chilló: "¡Seguridad! ¡Agarren a este animal! ¡Mi tío te va a destruir!" Noqueé a los guardias. "Tú", le dije a Ricardo. "Tú eres el siguiente". Sofía se interpuso. "¡Basta, Armando, por favor, basta! ¡Lo vas a matar! Discúlpate, pídele perdón... ¡Van a llamar a la policía!". La aparté. "¿Pedirle perdón a él? ¿Después de todo lo que ha dicho de mí? ¿Después de cómo te ha tocado? Te daré una última oportunidad, Sofía. Elige. O te quedas con este payaso y su mundo de apariencias, o vienes conmigo y descubres la verdad. Pero si eliges quedarte... juro por Dios que nunca más volverás a verme".
Perdí y Recuperé El Amor en La Misma Noche

Perdí y Recuperé El Amor en La Misma Noche

Sofía, una restauradora de arte, encontró un nuevo propósito al casarse con Javier, el arquitecto ciego al que cuidó y cuya vista fue restaurada por las córneas de su difunto prometido, Mateo. Para ella, su matrimonio era una forma de mantener viva la esencia de su amor perdido, viendo el mundo a través de los ojos de Javier. Pero en su quinto aniversario, la fachada se derrumbó con una traición pública: Javier, riéndose de ella, besó apasionadamente a su exnovia, Valentina. Lo que siguió fue una espiral de humillación y crueldad, con Javier despreciándola abiertamente y Valentina regodeándose en su dolor. La tragedia alcanzó su cima cuando Sofía, embarazada, fue forzada por Javier, engañado por una falsa emergencia de Valentina, a donar sangre, causando un devastador aborto. En esa helada camilla de hospital, Sofía perdió a su hijo y la última chispa de esperanza, comprendiendo que para Javier, ella era solo un "problema útil", nunca amada. ¿Cómo pudo el hombre al que había rescatado de la oscuridad convertirse en un verdugo tan despiadado, asesinando su futuro? ¿Y qué oscuro y calculador plan se escondía detrás de la sonrisa de Valentina, empeñada en destruirla a cualquier costo? Pero la Sofía sumisa y rota murió con ese bebé no nacido. Ahora, con el dolor transformado en fría determinación y una verdad devastadora en sus manos, está lista para desatar una venganza meticulosamente calculada y reclamar su libertad.
El Precio del Amor Silencioso

El Precio del Amor Silencioso

Hace seis años, destruí al hombre que amaba para salvarlo. Hoy, él regresó a mi vida para arrebatarme lo único que me queda. Me estaba muriendo de leucemia. Me quedaban meses de vida. Mi único deseo era pasar ese tiempo con mi hija, Kenia. Pero la hermana de mi difunto esposo me había demandado por la custodia, exigiendo una fortuna que no tenía. Entonces, entró el abogado de la contraparte. Era Braulio Flores. Se quedó ahí, con el rostro convertido en una máscara de indiferencia, mientras su clienta me abofeteaba. Me amenazó con quitarme a mi hija, llamándome una madre no apta. —Firma —dijo, su voz como el hielo—. O te veré en la corte, y te lo quitaré todo. Empezando por tu hija. Él no sabía que Kenia era su hija. No sabía que me estaba muriendo. Solo sabía que me odiaba, y que ahora tenía una nueva familia con la misma mujer cuya familia había destruido la mía. Yo había sacrificado todo para protegerlo, alejándolo con mentiras crueles para que pudiera tener un futuro. Pero mi sacrificio lo había convertido en un monstruo, y ahora él era el arma que usaban para destruirme por completo. Para salvar a nuestra hija, renuncié al dinero de mi tratamiento y la envié lejos. Mientras él celebraba el nacimiento de su nuevo hijo en el piso de arriba, yo moría sola en una cama de hospital. Pero le dejé una carta. Una carta que reduciría su mundo perfecto a cenizas.
La verdad que rompió mi mundo

La verdad que rompió mi mundo

Mi vida con Liam Goldstein era un cuento de hadas, una historia de amor perfecta estampada en cada revista y pantalla de televisión de Manhattan. Incluso había desvelado el collar «Horizonte de Maya», una cascada de zafiros de varios millones de dólares que celebraba nuestra perfecta devoción. Pero los cuentos de hadas son solo eso: cuentos. Luego vino el teléfono desechable, las llamadas en susurros, las capturas de pantalla y los recibos de hotel que gritaban «aventura». Lo vi transmitir en vivo regalos para su joven amante, Ava Sinclair, llamándola su «reina», solo para encontrarla más tarde visiblemente embarazada en un hospital, presumiendo nuestro collar de compromiso y hablando de una «situación» conmigo. Sus amigos, los mismos que brindaron por nuestro «amor perfecto», sonreían con suficiencia mientras él besaba públicamente a Ava y bromeaba sobre su «aventurilla», asegurándole que yo «nunca me enteraría». Cada gran gesto que había hecho, desde donar un riñón hasta cultivar un jardín de rosas blancas, pasó ante mis ojos, revelándose como actuaciones calculadas. ¿Cómo pudo el hombre que me salvó la vida, aquel al que le di mis votos, traicionarme con una audacia tan grotesca, frente al mundo y su cómplice círculo íntimo? Se sentía como una broma cósmica de mal gusto, una humillación pública disfrazada de amor. Pero yo le había hecho una advertencia el día de nuestra boda: «Si alguna vez me mientes, si me mientes de verdad, desapareceré de tu vida como si nunca hubiera existido». Ahora, era el momento de activar la Iniciativa Fénix, borrar a Maya Goldstein y dejar a Liam con nada más que el fantasma de una promesa que él había hecho añicos.
Traición En Nombre Del Amor

Traición En Nombre Del Amor

El temporizador sonó, y ahí estaba: dos líneas rosas. ¡Iba a ser mamá! Tomé mi teléfono para contárselo a mi Mateo, mi esposo, el amor de mi vida. Pero una notificación, un video de un número desconocido, me detuvo. Lo reproduje, esperando un chistorete. La imagen borrosa de Mateo en un bar ruidoso, riendo a carcajadas con una cerveza. Luego, sus palabras: "¿Sofía? La rutina mata todo, ¿sabes? A veces parece que ya no la amo tanto como antes" . Mi mundo se desmoronó. Mi felicidad se evaporó, reemplazada por un frío que me caló hasta los huesos. ¿Quién envió esto? ¿Por qué? Lo vi una y otra vez, esperando que el significado cambiara, que hubiera entendido mal. Pero no, la frase se repetía en mi cabeza como un eco infernal. Con las manos temblorosas, abrí Instagram: Mateo, sonriendo con una tal Ximena, su "colega" , la misma que comentaba en nuestras fotos, ¡" #RelationshipGoals" ! La hipocresía me golpeó como una bofetada. Esperé a Mateo, le mostré el video. Su sonrisa se desvaneció, no por culpa, sino por fastidio. "Fue una broma, Sofía. Estábamos tomando, no significó nada. No exageres" . Al día siguiente, en la cafetería, lo vi con ella. Juntos. Riendo. Él la protegía, y el perfume de ella, ese que negaba, ahora lo inundaba. "¿Desde cuándo?" , le espeté. Ximena, la hipócrita, sonreía, mientras yo, rota, gritaba: "¿Te acuestas con ella y yo soy la que te avergüenza?" . En mi rabia, mi bolso cayó, revelando... la caja de la prueba de embarazo. Mateo me empujó, y caí. Un dolor agudo me atravesó. Mucha sangre. Estaba perdiendo a nuestro bebé. Mi resentimiento, al ver la crueldad de Ximena hacia un indefenso gatito callejero, se transformó en una determinación inquebrantable. En el hospital, con el doctor Alejandro Díaz consolándome, Mateo admitió que él me había empujado. Entonces, mi voz, clara y firme como nunca, anunció: "Quiero el divorcio, Mateo" . La frase selló mi libertad.
El Adiós de Sofía

El Adiós de Sofía

Sofía Navarro era la envidia de todos. Era la esposa del afamado arquitecto Mateo Vargas, la mitad de "la pareja de oro" . Vivían en una villa de ensueño que él mismo había bautizado "Luz de Sofía" , un monumento a su amor. Amada, mimada, parecía tenerlo todo. Pero bajo esa fachada perfecta, Sofía sabía la verdad. Sabía de Carla Montero, la otra mujer, y de la doble vida que Mateo llevaba. El perfume ajeno, las llamadas silenciadas, el vacío en su estómago cuando vio el corazón rojo junto al nombre de Carla en su móvil. La humillación fue insoportable cuando descubrió las fotos de Carla en su villa, en su jardín de jacarandas, donde Mateo le había pedido matrimonio. La frase, "Hay lugares que se sienten como un hogar", la quemó. Luego, Carla misma, embarazada de Mateo, se atrevió a enviarle mensajes burlándose, jactándose de la traición y de que Mateo la consideraba "frígida" y "aburrida". Lo peor fue presenciar cómo Mateo se mofaba de ella ante sus amigos, diciendo: "Sofía no sabe nada. Es demasiado pura." Aquella arrogancia, la completa ceguera a su dolor, lo contaminaba todo. Ya no sentía ira, solo un inmenso asco. Su lujoso apartamento, la ropa cara, las obras de arte: todo se sentía sucio. ¿Cómo pudo ser tan ciego, tan arrogante, creyéndola tan ingenua? Pero Sofía no era una víctima pasiva. Con una calma aterradora, empezó la demolición. Quemó sus fotos, arrancó los jacarandas, y dejó un regalo de aniversario inesperado: los papeles de divorcio firmados. Luego, borró su rastro, cortó todas sus conexiones, y desapareció para siempre, un fantasma para el hombre que lo había creído tener todo bajo control.
Venganza De La Esposa Helada

Venganza De La Esposa Helada

Mi restaurante, "Alma Cocina", era mi orgullo, mi santuario. Pero una conversación susurrada, una risa ajena, lo derrumbaron todo. Era mi esposo, Mateo, el arquitecto al que todos admiraban, con Daniela, la becaria a la que habíamos ayudado. En vez de ir a la emergencia de la gala, corrí directo a la traición. Los encontré. No era un malentendido, era la verdad desnuda. "Mateo. ¿Qué demonios están haciendo?" Mi voz fue un cuchillo, pero su descaro fue peor. Daniela, la niña inocente, se convirtió en una actriz barata, fingiendo mareos para manipularlo. Mateo, mi esposo, no mostró arrepentimiento. Me acusó de hacer drama y de descuidar mi trabajo. "Madura, Sofía. Esto es una nimiedad", me dijo. Y luego, el golpe final. Un mensaje de Daniela con una foto de ellos en la cama. Y un audio, la voz de Mateo: "Sofía es fría, aburrida. Un bloque de hielo". El hombre al que amaba, me veía como un objeto sin vida. Las lágrimas se secaron, dejando solo una furia fría. Pero la verdadera puñalada llegó de la escuela de mi hija. Daniela era su maestra de arte, envenenando las mentes de los niños contra Valentina. "La maestra Daniela dice que su mamá es mala y aburrida". Vi a mi hija aislada, humillada. Y luego, supe lo que tenía que hacer. "Quiero el divorcio". La batalla apenas comenzaba, pero esta vez, yo no sería la víctima. Esta vez, no me importaba destruir su perfecta fachada. Esta vez, mi hija y yo seríamos libres.
La cicatriz de mi devoción

La cicatriz de mi devoción

Durante diez largos años, mi única pasión fue cuidar de Alejandro, siendo la arquitecta de su imperio inmobiliario en la bulliciosa Ciudad de México. Fui su sombra, su estratega; incluso una vez, me interpuse entre él y una navaja, ganándome una cicatriz que él ignoró, pero que para mí era el sello de mi devoción. Creí que mi amor y mis sacrificios serían recompensados cuando finalmente me propuso matrimonio, justo después de cerrar el trato más grande de su carrera. Pero la noche de bodas, la que debía ser el inicio de nuestro "para siempre", se convirtió en mi infierno personal al encontrarlo en nuestra cama con Camila, su joven y supuestamente inocente sobrina. La escena heló mi sangre, pero sus susurros fueron dagas: "Con Sofía como tapadera, por fin puedo amarte sin que nadie nos juzgue... sin que tu padre se oponga a que estés con tu tío". Mi matrimonio, mi amor, mi vida entera, era una farsa: una elaborada mentira para encubrir una relación prohibida y, ahora lo sabía, incestuosa. La "desaparición" de Camila, tras nuestra boda fallida, desató la furia de Alejandro, quien me culpó de todo, golpeándome brutalmente en el mismo lugar de mi antigua cicatriz. Mientras agonizaba en el suelo, viendo a Alejandro delirar sobre Camila y desmayarse por su sobredosis, el dolor físico no era nada comparado con la devastación de mi alma. ¿Cómo pude ser tan ciega? ¿Cómo pude entregarme a un hombre que me veía como un mero objeto, una "tapadera" para sus depravaciones? "Alejandro," susurré mientras la oscuridad me envolvía. "Si hay otra vida... juro que nunca más te amaré." Y entonces, la luz. Desperté en nuestra fiesta de compromiso, con Alejandro alzando su copa, anunciando nuestro compromiso. Había regresado. Esta era mi segunda oportunidad. No para arreglar cosas con él, sino para salvarme a mí misma. Sin dudarlo, marqué el número de su mayor rival. "Ricardo," dije, mi voz firme. "Lo que me preguntaste la última vez que nos vimos en la conferencia… Sobre casarme contigo… acepto."
Mi cuento de hadas destrozado: Su cruel traición

Mi cuento de hadas destrozado: Su cruel traición

Durante nueve años, mi matrimonio con el titán de la tecnología, Julián Gallegos, fue un cuento de hadas. Él era el magnate poderoso que me adoraba, y yo era la arquitecta brillante que era su mundo. Nuestro amor era de esos de los que la gente susurraba. Pero un accidente de coche lo robó todo. Despertó con los últimos nueve años de su memoria borrados. No me recordaba a mí, ni nuestra vida, ni nuestro amor. El hombre que amaba se había ido, reemplazado por un monstruo que me veía como su enemiga. Bajo la influencia de su manipuladora amiga de la infancia, Helena, mandó matar a mi hermano por una deuda insignificante. No se detuvo ahí. En el funeral de mi hermano, ordenó a sus hombres que me rompieran ambas piernas. Su último acto de crueldad fue robarme la voz: hizo que mis cuerdas vocales fueran trasplantadas quirúrgicamente a Helena, dejándome muda y destrozada. El hombre que una vez prometió protegerme se había convertido en mi verdugo. Me lo había quitado todo. Mi amor devorador por él finalmente se agrió hasta convertirse en un odio puro y absoluto. Él pensó que me había destruido. Pero estaba equivocado. Finguí mi propia muerte, filtré las pruebas que reducirían a cenizas todo su imperio y desaparecí. El hombre con el que me casé ya estaba muerto. Era hora de hacer que el monstruo que llevaba su rostro pagara por todo.