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Hay personas que nacen rotas, carecen de algo desde el momento en que llegan a este mundo, otros se van rompiendo a medida que pasa el tiempo y estas son las peores rupturas, porque cuando naces roto mientras pasa el tiempo te acostumbras a esa ruptura en tu ser, pero aquellos que se rompen de un momento a otro sienten que no pueden reparar aquello que se rompió y simplemente colapsan; su ser se destruye de una manera tan impredecible que no saben cómo reponerse. Por eso les agradeceré infinitamente a ellos, les agradezco por haberme salvado, por haber detenido los pensamientos oscuros que se extendían por mi mente como una plaga infestando cada neurona de mi sistema programándome de una forma en la que no me enorgullece revelar, le agradezco a esos dos hombres por haberme hecho sentir; por haberme devuelto a la vida. Porque lo que la gente suele ignorar es que el suicida ya estaba muerto antes de saltar.

Capítulo 1 Prólogo

El viejo auto de mi madre iba a la mayor velocidad que se podía en una cacharra como esta, pero, aunque no fuese el auto más veloz iba a una velocidad suficiente como para lograr lo único que le daba sentido a mi vida, irónico, lo único que en ese momento le daba sentido a mi vivir eran las ganas de morir.

La noche era oscura y más considerando que me encontraba lejos de la ciudad en donde el fulgor de las luces no perturbaba la oscuridad, solo perturbaban mí ya ensombrecida alma.

Las lágrimas corrían por mis mejillas dificultando mi visión, pero eso no importaba, de hecho, facilitaba las cosas. Cuando estuve en el cruce en forma de T pisé hasta el fondo el acelerador y justo cuando cruzaba la estrecha carretera hasta el barranco que me esperaba al fondo un auto pasó por delante de mí, de inmediato pisé el freno, pero no fue suficiente para detener el auto y este chocó con la parte trasera del otro auto desestabilizándome y evitando que cayera por el barranco, en vez de eso di media vuelta en la carretera y terminé impactando el lado del copiloto contra un árbol que se encontraba en la orilla. Mi cabeza se golpeó fuertemente con algo que desconocía, mi vista se nubló aún más, pero antes de caer en la inconciencia ubiqué el otro auto para saber si estaba bien y así era, el auto se encontraba más adelante de mi justo en medio de la carretera.

Si la inconciencia no me hubiese llamado estaba segura de que le hubiese dado reversa al auto para recorrer la pequeña distancia que me separaba de la muerte, pero antes de siquiera poder pensarlo mis ojos se cerraron deseando no haber chocado con ese auto poniendo en peligro la vida de alguien que no tenía nada que ver con mis incesantes ganas de morir.

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