Venganza De La Prinsionera

Venganza De La Prinsionera

Ai Chi Bao Zi De Miao

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Capítulo

Diez años en prisión. Diez años esperando el reencuentro con el amor de mi vida, Mateo Vargas, y el hogar que construimos. Pero al salir, la casa que me prometió estaba llena de niños desconocidos y una mujer radiante que se presentó como Catalina, su "esposa". Mi esposo, a quien sacrifiqué mi libertad, apenas mostró sorpresa, su mirada fría como la de un extraño. Mis suegros y mis propios padres se unieron al coro de la traición, exigiéndome ser "magnánima", agradecida por el techo que me ofrecían después de que me pudriera en una celda para salvarles el pellejo. Me sentí completamente sola, rodeada de lobos que vestían la piel de mi familia, mi corazón hecho pedazos por la traición. La Sofía que amaba a Mateo Vargas murió en ese instante. "¡Divorciémonos!", le grité, mientras marcaba el número de la única persona en la que podía confiar: Laura "La Jefa" Torres, la Reina del Barrio.

Introducción

Diez años en prisión.

Diez años esperando el reencuentro con el amor de mi vida, Mateo Vargas, y el hogar que construimos.

Pero al salir, la casa que me prometió estaba llena de niños desconocidos y una mujer radiante que se presentó como Catalina, su "esposa".

Mi esposo, a quien sacrifiqué mi libertad, apenas mostró sorpresa, su mirada fría como la de un extraño.

Mis suegros y mis propios padres se unieron al coro de la traición, exigiéndome ser "magnánima", agradecida por el techo que me ofrecían después de que me pudriera en una celda para salvarles el pellejo.

Me sentí completamente sola, rodeada de lobos que vestían la piel de mi familia, mi corazón hecho pedazos por la traición.

La Sofía que amaba a Mateo Vargas murió en ese instante.

"¡Divorciémonos!", le grité, mientras marcaba el número de la única persona en la que podía confiar: Laura "La Jefa" Torres, la Reina del Barrio.

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Romance

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El día del divorcio de mis padres, la tensión en el juzgado de la Ciudad de México era palpable. Mi hermana, Valeria, ya se veía como la "princesa de Monterrey", lista para la vida de lujos con Isabela Montenegro, la empresaria multimillonaria. Pero yo lo sabía. Había renacido. Y recordaba la escalofriante verdad detrás de la obsesión de Isabela por una "hija perfecta". Su imperio inmobiliario era una fachada para un brutal campo de entrenamiento, donde moldeaba herederas sin escrúpulos. En mi vida anterior, yo fui su elegida, y ese "éxito" me destruyó por dentro. Valeria se lanzó hacia mi padre, Ricardo, con lágrimas fingidas, reclamando su futuro de opulencia. Yo tenía otro plan para escapar de ese infierno. Calculé cada paso, forzando mi caída por una escalera oscura. El crujido de mi brazo al romperse y la sangre cerca de mi ojo fueron mi billete a la libertad. Mi "imperfección" me salvó; Ricardo me descartó con desdén, y Valeria, llena de falso cinismo, creyó que el camino al trono estaba libre para ella. En el hospital, las heridas eran reales, pero la libertad lo era más. Mi cicatriz, mi escudo. Sabía que Valeria, ingenua, no comprendía a la verdadera Isabela: una máquina que devoraba almas, no quería hijas, sino herramientas de negocios. No volvería a caer en esa trampa. Mi único propósito era proteger a mi madre y encontrar la paz. Nos refugiamos en Oaxaca, la tierra de mi madre, y construimos una vida humilde pero llena de arte y tranquilidad. Años después, cuando creía haber escapado, Valeria y Ricardo reaparecieron, demostrando que la ambición de Isabela no había terminado. Consumida por la envidia al haber fracasado como "heredera", Valeria atacó nuestro puesto en el mercado, picahielo en mano, dispuesta a destruirnos. Pero ella no conocía la fuerza oculta de mi linaje. Mi abuela, Doña Consuelo, una matriarca temida y respetada, emergió, desmantelando la locura de Valeria y enviándola a prisión. Esto era solo el principio. Con la justicia en mis ojos y el inquebrantable apoyo de mi familia, mi verdadera guerra contra Isabela Montenegro apenas comenzaba. Voy a desmantelar su imperio, pieza por pieza, hasta que no quede nada.

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