Amante Fatal, Justicia Inevitable

Amante Fatal, Justicia Inevitable

Gavin

5.0
calificaciones
143
Vistas
28
Capítulo

Mi hermana Iara murió por insuficiencia renal. Su única esperanza era un trasplante, pero el riñón que necesitaba se lo robaron para dárselo a Pilar Muñoz, la esposa del millonario que años atrás mató a mi mentor. Decidí vengarme. Me convertí en la amante de su esposo, Lázaro, y lo usé para humillarla públicamente en una gala benéfica, donde él gastó una fortuna en un brazalete para mí, ignorándola por completo. La respuesta de Pilar fue salvaje. No solo me mandó a golpear, sino que tomó el collar con las cenizas de mi hermana y las esparció en la calle. "Ups, se me cayó" , se burló. En ese momento, mi mundo se tiñó de rojo. El dolor se convirtió en un odio que me consumió. Cuando pensé que todo estaba perdido, su propio hermano, Heriberto, me rescató. Me dio el poder para transformarme, enviándome lejos para convertirme en alguien intocable. Un año después, regresé como una artista de renombre internacional, lista para la última jugada. Y esta vez, no habría piedad.

Capítulo 1

Mi hermana Iara murió por insuficiencia renal. Su única esperanza era un trasplante, pero el riñón que necesitaba se lo robaron para dárselo a Pilar Muñoz, la esposa del millonario que años atrás mató a mi mentor.

Decidí vengarme. Me convertí en la amante de su esposo, Lázaro, y lo usé para humillarla públicamente en una gala benéfica, donde él gastó una fortuna en un brazalete para mí, ignorándola por completo.

La respuesta de Pilar fue salvaje. No solo me mandó a golpear, sino que tomó el collar con las cenizas de mi hermana y las esparció en la calle.

"Ups, se me cayó" , se burló.

En ese momento, mi mundo se tiñó de rojo. El dolor se convirtió en un odio que me consumió.

Cuando pensé que todo estaba perdido, su propio hermano, Heriberto, me rescató. Me dio el poder para transformarme, enviándome lejos para convertirme en alguien intocable.

Un año después, regresé como una artista de renombre internacional, lista para la última jugada. Y esta vez, no habría piedad.

Capítulo 1

Natalia POV:

Mi hermana Iara tosía, un sonido seco y doloroso que me perforaba el alma. El hospital olía a desinfectante y a desesperación. Ella estaba conectada a máquinas, su piel antes vibrante, ahora pálida y translúcida.

La pantalla de su monitor cardíaco parpadeaba con una regularidad agonizante. Cada latido era un recordatorio de un tiempo limitado. Me dolía verla así.

Tenía un talento enorme, Iara. Sus lienzos, llenos de vida y color, colgaban en las paredes de nuestra pequeña casa. Ahora, sus manos de artista temblaban.

La enfermedad renal terminal había llegado sin avisar. Un trasplante era su única esperanza.

Una mañana, un mensaje anónimo llegó a mi teléfono. Un video. En él, Pilar Muñoz, la esposa de Lázaro Morales, cerraba un trato. Un riñón. El riñón de Iara.

Mi sangre se heló. El dolor se convirtió en una rabia líquida. ¿Cómo podía alguien ser tan cruel?

Pilar Muñoz. Su nombre se grabó a fuego en mi mente.

Años atrás, Lázaro Morales, el magnate, había causado un accidente. Él conducía imprudentemente. Eladio, mi mentor, mi segundo padre, murió. Lázaro nunca lo olvidó. Su culpa era palpable.

Siempre me decía que mi ira era como un fuego purificador. Ahora, ese fuego ardía en mí.

Eladio me enseñó todo sobre la orfebrería. Mi taller era mi refugio. En cada pieza, sentía su presencia.

Recordaba a Eladio, sus manos fuertes y expertas, guiando las mías. Su risa resonaba en el taller. Una risa que se apagó por la imprudencia de un hombre poderoso.

Lázaro Morales era el esposo de Pilar. El hombre que había matado a mi mentor. El hombre que ahora, sin saberlo, se convertiría en mi arma.

Pilar anhelaba ser madre. Su obsesión con Lázaro era enfermiza. No era amor. Eran posesiones.

Lázaro no la amaba. Era un matrimonio de conveniencia. Él la veía superficial. Ella lo veía como un trofeo.

Sus vidas eran una farsa. Un castillo de naipes. Yo iba a derribarlo.

Lázaro buscaba la redención, un fantasma que lo perseguía. Intentaba expiar su culpa con proyectos conmemorativos.

Yo era la orfebre más talentosa de Eladio. La única que podía replicar su estilo. Mi arte sería mi entrada. Mi venganza.

Lázaro, ahogando sus penas en alcohol, tropezó en el bar de su mansión. Su voz, ronca, pedía ayuda.

Era mi oportunidad. La culpa de Lázaro me abría la puerta. La sed de venganza me empujaba.

Me detuve frente a la mansión. Las luces parpadeaban. Este lugar, tan lleno de lujo, tan lleno de secretos. Eladio, su recuerdo, me dio la fuerza para entrar.

Lo encontré en el suelo de su estudio. Botellas vacías rodeaban su figura. Su respiración era pesada.

Me acerqué. Su mirada se encontró con la mía. Había sorpresa, reconocimiento, y algo más, algo que no pude descifrar.

A pesar de su estado, su presencia era imponente. Un hombre roto, pero aún con el aura de poder.

Un camarero se acercó, sus ojos curiosos, casi como si esperara ver una chispa entre Lázaro y yo. Luego, se retiró, con una sonrisa disimulada.

Lo ayudé a levantarse. Su cuerpo, pesado y cálido, se apoyó en mí.

-Déjame ayudarte -dije, mi voz suave, casi inaudible.

Sus manos se aferraron a mi cintura. Su aliento caliente rozó mi cuello.

-No sé cómo llegué aquí -murmuró.

Mis dedos se deslizaron por su cabello. Podía sentir la tensión en su cuerpo.

Un gemido escapó de sus labios. Su piel ardió bajo mi toque.

-¿Estás bien? -pregunté, mi voz teñida de una falsa preocupación.

Me miró. Sus ojos, antes nublados, ahora tenían un brillo diferente. Una mezcla de deseo y confusión.

Se inclinó. Sus labios buscaron los míos. Elardio. Murmuró un nombre. Pero no era el mío.

Una sonrisa amarga se dibujó en mis labios. Elardio, sí. Mi venganza estaba en camino.

Lo aparté suavemente.

-Lázaro, no -dije, mi voz apenas un susurro.

Él parpadeó, un destello de conciencia en sus ojos. Me miró, confundido.

Entonces, la puerta del estudio se abrió de golpe.

Seguir leyendo

Otros libros de Gavin

Ver más
Mi Secreto, Tu Desprecio, Nuestro Fin

Mi Secreto, Tu Desprecio, Nuestro Fin

Urban romance

5.0

Mi esposa, Sofía del Valle, era mi universo. Por ella, siendo un empresario exitoso, me convertí en un "coder" común, viviendo una vida modesta, ocultando mi imperio, TecnoFuturo S.A. de C.V., para que me amara por quien era, no por mi fortuna. Pero últimamente, Sofía estaba distante, susurraba al teléfono, mencionando a Ricardo, un tipo superficial que siempre me despreció. Me llegó un mensaje del Sr. Montemayor, él, sin saberlo, me había "arreglado" una compañía especial para la noche, una de esas "bellezas" que supuestamente eran de mi "agrado". Fui al club "El Firmamento", un santuario del lujo, donde el destino me tenía preparada la escena más dolorosa: Sofía, mi Sofía, riendo con Ricardo Guzmán, él con un brazo posesivo sobre ella. "Ay, Sofía, neta que no sé qué le ves a ese godínez tuyo", dijo una de sus amigas. "Tú mereces a alguien como Ricardito, un hombre de mundo". Ricardo, con una sonrisa de tiburón, besó su mano, proclamando: "Pronto, Sofi, pronto todo esto será solo un mal recuerdo. Yo me haré cargo de ti. Ese programador de quinta no sabe cómo tratar a una reina como tú". La humillación me quemó. Nuestros ojos se encontraron; su pánico se transformó en desafío. "¿Armando? ¿Qué demonios estás haciendo aquí? ¿Acaso me estás siguiendo?", me espetó como un témpano de hielo. "¿Espiarte? Por favor, Sofía. No te creas tan importante. Tengo asuntos mucho más serios que seguirte por clubes nocturnos", respondí, mientras Ricardo me interrogaba, burlándose de mi supuesta profesión. Una idea monstruosa cruzó mi mente: ¿Sería Sofía, mi esposa, la "compañía" que Montemayor había arreglado? "Se acabó, Sofía. Mañana a primera hora, mi abogado te contactará. Quiero el divorcio", declaré con una voz muerta. Ella me detuvo, sus ojos llenos de lágrimas. "¿Qué es todo esto? No tienes derecho a espiarme". Le dije que tenía una reunión con el señor Montemayor. La risa de Ricardo y sus amigos inundó el lugar. "Montemayor? ¿Tú? Ni en tus sueños más locos. El señor Montemayor no se reúne con... gente como tú". Sofía bajó la mirada, creyéndoles. "Así que eso es lo que piensas de mí. ¿Un mentiroso?", le dije, rogándole una última oportunidad para que confiara. Ella negó. "No puedo, Armando. Te encuentro aquí, con Ricardo... ¡y tú me acusas a mí! Y luego inventas esta historia increíble sobre el señor Montemayor..." "¡No es una historia! ¡Es la maldita verdad!", grité, mientras Ricardo me empujaba. "No, Armando, no te vayas... no así", suplicó ella, con su voz rota, intentando aferrarse a mí. "Ya lo vi todo. Vi cómo te dejabas manosear por este payaso. Vi cómo te reías mientras sus amigos me llamaban 'godínez'. ¡Y lo peor de todo, vi en tus ojos que estabas de acuerdo con ellos! No hay nada más que hablar. Mañana recibirás los papeles del divorcio. Es definitivo". Me solté de su agarre, y un tipo gordo se interpuso, insultándome. El puño gordo vino hacia mí. Lo esquivé, le torcí la muñeca, y su cara se estrelló contra la barra. "¡CRAC!" Se desplomó, inconsciente. "¡Armando! ¿Qué hiciste? ¡Detente!", gritó Sofía horrorizada. Ricardo, pálido, chilló: "¡Seguridad! ¡Agarren a este animal! ¡Mi tío te va a destruir!" Noqueé a los guardias. "Tú", le dije a Ricardo. "Tú eres el siguiente". Sofía se interpuso. "¡Basta, Armando, por favor, basta! ¡Lo vas a matar! Discúlpate, pídele perdón... ¡Van a llamar a la policía!". La aparté. "¿Pedirle perdón a él? ¿Después de todo lo que ha dicho de mí? ¿Después de cómo te ha tocado? Te daré una última oportunidad, Sofía. Elige. O te quedas con este payaso y su mundo de apariencias, o vienes conmigo y descubres la verdad. Pero si eliges quedarte... juro por Dios que nunca más volverás a verme".

Quizás también le guste

En la Cama de su Hermano: Mi Dulce Venganza

En la Cama de su Hermano: Mi Dulce Venganza

SoulCharger
5.0

Lucero creía vivir el sueño de una heredera protegida por su marido, Julián Real, hasta que el silencio de la mansión se convirtió en el eco de una traición despiadada. Ella pensaba que su matrimonio era un refugio para salvar el legado de su padre, sin imaginar que dormía con el hombre que planeaba su ruina. De la noche a la mañana, el velo se rasgó: descubrió que Julián no solo esperaba un hijo con su amante, la estrella Serena Filo, sino que su unión fue una maniobra calculada para saquear la empresa familiar y dejarla en la calle. Su vida perfecta se desmoronó cuando se dio cuenta de que cada beso y cada promesa habían sido parte de una estafa corporativa. La caída fue brutal; Lucero pasó de ser la respetada esposa a una paria humillada, despojada de su hogar y acusada públicamente de extorsión. Mientras sufría el dolor de una quemadura física y el abandono de Julián ante las cámaras, la sociedad le dio la espalda, convirtiéndola en el blanco de una turba que pedía su cabeza. En medio de su desesperación, una pregunta comenzó a torturarla: ¿realmente sus padres murieron en un accidente o fue un asesinato orquestado por la familia Real? La aparición de un documento con una firma comprometedora sembró la duda sobre quién era el verdadero monstruo detrás de su tragedia. ¿Fue Damián, el gélido y poderoso hermano mayor de Julián, quien autorizó la caída de su familia, o es él la única pieza que no encaja en este rompecabezas de mentiras? La confusión se mezcló con una atracción peligrosa hacia el hombre que parece ser su único aliado y, al mismo tiempo, su mayor sospecha. Bajo la identidad secreta de "Iris", la compositora fantasma que mueve los hilos de la industria, Lucero decide dejar de huir para empezar a cazar. Una firma húmeda en un papel prohibido, un pacto oscuro con el enemigo de su enemigo y una melodía cargada de venganza marcarán el inicio de su contraataque. Esta vez, Lucero no será la víctima, sino el incendio que consumirá el imperio de los Real hasta que no queden ni las cenizas.

Capítulo
Leer ahora
Descargar libro