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Mercurio Lunar: El Despertar del Hielo

Mercurio Lunar: El Despertar del Hielo

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Capítulo 1 EL AROMA DEL DESASTRE

Palabras:2307    |    Actualizado en: 28/01/2026

sino un vecino silencioso que se filtraba por las rendijas de las casas y se instalaba en el centro del pecho. Para la mayoría de los habitantes, el invierno era un

es habían aprendido a expandirse y m

ras veinte años de ser la "Princesa de Cristal" -un título que cargaba con más ironía que honor en los pasi

ureza grisácea. En casa, no había guardias de ojos plateados vigilando cada uno de mis suspiros de manera obvia, pero la Virtud de Anulación de mi padre, Alistair, siempre estaba presente,

Estás tan tensa que pareces estar a punto de estallar en mil pedazos -la voz

o, para que yo no creciera en una soledad absoluta. A diferencia de mí, Bianca era una "Impura" con orgullo. No poseía la belleza estática y perfecta de los nacidos vampiros, pero su Virtu

o, como si el aire fuera más denso aquí afuera

oletas, la herencia maldita de una madre hechicera que solo conocía por los susurros prohibidos del servicio y las miradas

omo pequeños tambores biológicos golpeando en la base de mi cráneo. Sus aromas eran un asalto sensorial: perfumes baratos de vainilla, el olor metálico del sudor tras una carrera, el aroma amargo

a nos detuvo frente a la imponente escal

e me había prohibido traer. Pero no era un enemigo. Era un chico de cabello cas

miedo atávico a que mi temperatura de bajo cero quemara su piel humana-. Y esta es Maya. Es

a chaqueta de mezclilla llena de parches de bandas de rock, nos

le. Pero tiene razón, tienen un es

as su Eco escaneaba a los recién llegados. Noté cómo su postura se relajaba a

Yo soy Bianca y ell

tulos y apellidos pesados que solían acompañar a cada presentación en mi mundo. Sus auras, s

solas, los de la fraternidad Hellefjord las acecharán como buitres buscando carne fre

y el Rey de

plificaba el murmullo de cientos de estudiantes. Nos sentamos en la zona media. Dean no paraba de hablar sobre lo difícil que era conseguir una hamburguesa decente en el pueblo, mientras May

lcón. Su presencia era magnética, pero mi mirada, gobernada por un instinto que no

de mis pulmones si

sa de algodón oscura que se ajustaba a unos hombros que parecían cargar con el peso de una montaña. Su cab

tormenta eléctrica en el Mar del Norte, cargados de una energía cinética que hizo qu

viajó desde las plantas de mis pies hasta la nuca, conectándome a él a través de la distancia. El ruido del auditorio se apagó por completo. Dean desapareció, Maya des

treando mi esencia a través del oxígeno compartido, filtrando mi olor a nieve y magia entre el hedor de los humanos. No era una mirada de p

Mi sangre latía con una urgencia que me asustaba. Durante todo el discurso de la Directora, no escuché una sola palabra. Solo sentí el peso de su observación, una pres

Un Espejism

ndentemente bueno para ser comida de cafetería -dijo Dean mientras nos a

iada me revolvía el estómago de una forma extraña. Mi hambre hoy era de o

escapar de la tecnología y el caos de la capital. Eran simples, eran reales. Maya sacó un cuaderno de bocetos y empezó a trazar la silueta de lo

ujo-. Hay algo en el movimiento del agua que me hace sentir en paz. ¿Y ustedes? S

omo siempre-. Nuestra familia prefiere el aislamiento, pero Engel y yo necesitábamos ver qué había más

fingiendo que me arreglaba u

tad pura, su aura es de un naranja cálido, como una chimenea. Y Maya... ella es como el agua profunda, tranquila per

pios oídos, como cristales chocando entre sí en una brisa suave, pero se sintió bien. Por un momento, no fui la heredera de

al Castil

as escarpadas. Las sombras en Snorre-Vik se alargaban como dedos negros y delgados, recordándonos q

idez que Dean y Maya habían dejado en mi pecho se evaporaba, reemplazada por la rigidez de mi apellido. Las

este de la mansión, rodeadas de nuevo por el silencio sepulcral-. El

un fantasma; mi piel era más pálida que el mármol, casi translúcida, y mis ojos violetas bri

n raro como la lluvia en el desierto. Sus ojos zafiro estaban fijos en la

ensidad del pasillo-. Mientras tú te quedabas sin aliento, mi Eco se volvió completamente loco. No pude

mbros. Sus manos, generalmente fir

en la dirección opuesta. Sentí una energía volcánica, algo tan destructivo que si él simplemente quisiera, todo este castillo de hielo arderí

encia que había mantenido a los de su clase vivos durante siglos. Pero yo, por alguna razón que me aterraba más que el pro

rviera. Mañana tendría su clase de Alquimia, y por primera vez en mi vida de

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