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Mercurio Lunar: El Despertar del Hielo

Capítulo 5 EL PRIMER DESAFÍO

Palabras:1211    |    Actualizado en: 28/01/2026

a de Engel: La F

uros de piedra de la universidad. Pasé las primeras horas de clase como una sonámbula, sintiendo el peso del libro de Ly

dición que mi madre llamaba el Eco de Transmutación- estaba alerta. Si alguien cerca de mí sentía ira, yo sentía el impulso de incendiar el aire. Si alguien

se congele -susurró Bianca, tirando de mi manga m

carcha blanca. Me obligué a respirar, a "anularme" como mi padre me había

dije, deteniéndome frente a la puerta del despacho 402-. Quéda

levaba la chaqueta de la clase, solo una camisa negra con las mangas remangadas. Al verme

voz era un gruñido bajo que hizo que

, desordenando sus papeles-. Dijiste que el mercurio se estabilizaba, pero yo me siento a punto de estallar. Siento... todo. El vi

que me erizaba la piel. Se detuvo a centímetros

erca de mi mejilla-. Tienes la herencia de una bruja elemental y la sed de un vampiro. Eres un

r cuando un golpe seco y a

gada de veneno-. Sé que la híbrida entró aquí.

ó gélido de golpe, y las bombillas del techo empezaron a zumbar con una

la estantería. ¡Ah

endija de los libros, vi al heredero Vandermir. No venía solo a hablar

Viktor, caminando por la oficina-. ¿Dónde está? Los Moldov

a de choque mental diseñada para causar parálisis, recorrió la habitación. Lyon se tensó, r

cuando tod

e. Pero en lugar de paralizarme, mi sangre de bruja la tomó, la "fotocopió" y la transmutó en algo elemental. El aire alrededo

Viktor, retrocediendo, el mie

gió Lyon, dándose cuenta de que

ultiplicada por diez. No fue un espejismo; fue una onda de choque sónica y eléctrica que hizo que los cristales de las estanterías estallar

repentina de granizo golpeó las ventanas del despacho, ro

iéndome en sus brazos antes de

endo del viento que ahora giraba dentro

rostro en su cuello, inhalando su aroma a bosque y ceniza. Poco a poco, la tormenta den

riz, se levantó del suelo, mirando la

ombras donde Lyon me ocultaba con su cuerpo-

ó como el rugido de un lobo Alfa que no aceptaría un no por respuesta-, me

é de Lyon, temblando, mirando mis manos. Había absorbido un simp

e en mis mejillas-. Mi padre dice que la cristalización me

manos, obligándome a mirarlo. S

si no aprendes a manejar estos cuatro elementos que bailan en tu

iento caliente dándome una

mo una princesa, sino como la reina del caos que llevas dentro. Porque si

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