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Libros de Urban romance para Mujeres

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El Amor Descartado, La Felicidad Encontrada

El Amor Descartado, La Felicidad Encontrada

Estaba de pie junto a las puertas de cristal del patio, sosteniendo una bandeja con toallas limpias. Esta noche celebrábamos la recuperación total de Mateo Barrera, el niño prodigio del mundo tecnológico, de nuevo en pie después de tres años de mi dedicada terapia física. Pero entonces, apareció su exnovia, Carla Macías. Cuando una salpicadura de la alberca mojó su vestido, Mateo me empujó a un lado para protegerla, lanzándome de cabeza contra el borde de concreto de la alberca. Desperté en el hospital con una conmoción cerebral, solo para ver a Mateo consolando a Carla, que fingía llorar. Él no me defendió cuando ella afirmó que éramos "solo amigos". Luego, su madre, Estela Cantú, me envió un mensaje con un cheque por cincuenta millones de pesos, diciéndome que yo no encajaba en su mundo. De vuelta en su penthouse, Carla me acusó de envenenar a Mateo con una sopa y de romper la preciada caja de madera de su padre. Él le creyó, obligándome a beber la sopa y dejándome colapsar en el suelo de la cocina. Terminé en el hospital de nuevo, sola. No entendía por qué creería sus mentiras, por qué me lastimaría después de todo lo que había hecho. ¿Por qué fui solo una solución temporal, tan fácil de desechar? El día de su cumpleaños, le dejé un mensaje: "Feliz cumpleaños, Mateo. Me voy. No me busques. Adiós". Apagué mi celular, lo tiré a un bote de basura y caminé hacia una nueva vida.
El Precio de Su Farsa

El Precio de Su Farsa

Mi cocina era mi santuario, mi escape del mundo, mi conexión con ella. José Luis, el chef aclamado, lo sacrificó todo por el amor de Sofía, construyendo un imperio para ella mientras aceptaba la dolorosa "verdad" de su infertilidad. Una visita de emergencia al hospital reveló una mentira devastadora: Sofía no solo estaba embarazada de ocho semanas, sino que no parecía sorprendida en absoluto. Sentí un nudo de confusión y un miedo terrible, un presentimiento oscuro. La laptop de Sofía, abierta, me mostró la verdad: una vida secreta con otro hombre, Rodrigo, y dos hijos que me había hecho creer que eran "sobrinos" postizos. Cientos de fotos: Sofía en la playa, en cenas románticas, besándose con Rodrigo, celebrando cumpleaños y Navidades con "Nuestra Familia" . El golpe fue brutal: su tercer hijo estaba en camino, y mi amor, mi sacrificio, mi vida de diez años, todo había sido una elaborada y cruel mentira. Me derrumbé, dándome cuenta de que había sido el tonto que financió su doble vida. La mujer que amaba era una extraña, una manipuladora desalmada que creía que su traición era una "necesidad estratégica". "Rodrigo no es mi amante, José Luis. Es una necesidad estratégica." Y, en el colmo de la crueldad, me echó, proclamando que todo estaba a su nombre, dejándome sin nada. "¿Tu casa? Revisa las escrituras. La casa está a mi nombre. El negocio está a mi nombre. Todo está a mi nombre. Tú no tienes nada." Con la dignidad como única posesión, me fui, dejándola con su victoria vacía. Pero entonces, en el umbral de lo que fue mi hogar, vi la escena que lo cambió todo: Rodrigo en mi bata, mis tazas, mis hijos corriendo, la familia secreta instalada. "¡Esta es mi casa ahora! ¡Mi papi dice que tú eres un perdedor!" La humillación total, la confirmación de que me habían despojado de todo, me dejó sin aliento, pero algo dentro de mí se encendió. Decidí que era hora de recuperar mi vida y mi restaurante "Fénix" se levantaría de las cenizas.
La Prometida Humillada: Renace Poderosa

La Prometida Humillada: Renace Poderosa

La noche de mi compromiso era un sueño hecho realidad. Ahí estaba yo, Sofía Morales, la perfecta prometida, radiante bajo los candelabros, lista para unir dos de las familias más poderosas de México con Ricardo Vargas. Pero justo cuando Ricardo subió a la tarima, su sonrisa vaciló, su voz tembló, y mi futuro brillante se hizo pedazos. "No puedo casarme con Sofía Morales" , anunció, con su mirada extraña y culpable. El salón, antes lleno de risas, enmudeció. Todas las miradas se clavaron en mí, esperando ver mi derrumbe. Pero Ricardo no había terminado su humillación. "Porque mi corazón, mi verdadera alma gemela, pertenece a otra persona" . Y de las sombras emergió Camila Flores, la hija de nuestra ama de llaves, con un vestido prestado y la mirada en el suelo. Mi prometido, el heredero de los Vargas, tomó de la mano a aquella Cenicienta de la nada, y la presentó como su "amor verdadero" , como su futuro. Fui humillada, rechazada y reemplazada frente a toda la élite social de la Ciudad de México. De repente, era el hazmerreír de todos, la mercancía dañada. Ricardo ofrecía migajas, caridad. Creyó que esta farsa me destruiría. Pero lo que él no sabía es que esa humillación no me había destruido; me había liberado. Conocía sus secretos más oscuros, la "contabilidad creativa" de su familia, la verdad detrás del imperio Vargas. Y una Sofía Morales liberada, créanme, es mucho más peligrosa que una prometida dócil. Este juego no lo terminaría Ricardo; lo terminaría yo.
El corazón de una madre, una cruel mentira

El corazón de una madre, una cruel mentira

Fui al banco para abrir un fondo de inversión sorpresa para el sexto cumpleaños de mis gemelos. Durante seis años, había sido la amada esposa del magnate tecnológico Gael de la Vega, y creía que mi vida era un sueño perfecto. Pero mi solicitud fue rechazada. El gerente me informó que, según las actas de nacimiento oficiales, yo no era su madre legal. Su madre era Iliana Montenegro, el primer amor de mi esposo. Corrí a su oficina, solo para escuchar la devastadora verdad detrás de su puerta. Todo mi matrimonio era una farsa. Fui elegida porque me parecía a Iliana, contratada como madre sustituta para gestar a sus hijos biológicos. Durante seis años, no había sido más que una niñera gratuita y un “cómodo reemplazo” hasta que ella decidiera regresar. Esa noche, mis hijos vieron mi estado desconsolado y sus rostros se crisparon con asco. —Te ves horrible —se burló mi hija, antes de darme un empujón. Rodé por las escaleras, mi cabeza se estrelló contra el poste. Mientras yacía allí, sangrando, ellos simplemente se rieron a carcajadas. Mi esposo entró con Iliana, me miró en el suelo y luego prometió llevar a los niños por un helado con su “verdadera mamá”. —Ojalá Iliana fuera nuestra verdadera mamá —dijo mi hija en voz alta mientras se iban. Tumbada sola en un charco de mi propia sangre, finalmente lo entendí. Los seis años de amor que había vertido en esta familia no significaban nada para ellos. Bien. Su deseo estaba concedido.
No Soy Tu Tonta Enamorada

No Soy Tu Tonta Enamorada

Era el día de mi boda civil con Javier, el hombre al que di todo, incluso la influencia secreta de mi familia Vargas para catapultar su carrera. Lo esperaba en el ayuntamiento, vestida de blanco, cuando mi teléfono vibró. No era él, sino una foto de Instagram de su protegida, Isabella, en mi cama, con una sonrisa triunfante, anunciando "buenas noticias". Cuando Javier finalmente llamó, su voz no era de disculpa, sino de irritación, diciendo que Isabella había "desmayado" y debían posponer la boda. La humillación me quemaba por dentro al verme plantada, la heredera de Bodegas Vargas, en mi propio "gran día". Pero lo peor llegó después: me llamó para confesar un embarazo con Isabella, ofreciéndome criar a SU BEBÉ en común, y pedirme que ocultara todo, como si yo fuera una idiota manipulable. Cada palabra era un puñal, revelando que para él, yo era solo un "pasaporte" a la élite, una "tonta enamorada" a la que siempre regresaría. Mi hogar, mis pertenencias, todo fue borrado para hacer espacio a ella y "su" embarazo. Me di cuenta de que mi amor fue ciego, mi generosidad, una estupidez. Entonces, al oír a Javier y a Isabella conspirar para usarme y luego desecharme, una frialdad glacial me invadió. En ese momento de quiebre absoluto, no sentí dolor, sino una decisión inquebrantable. Miré mi teléfono y marqué el número de Mateo, mi amigo de la infancia, mi único refugio. "Cásate conmigo, Mateo. Hoy mismo", dije, con una calma que lo sorprendió. Y así, sin mirar atrás, salí de aquella humillación para forjar mi propia venganza.
La Séptima Vez del Desamor

La Séptima Vez del Desamor

Estamos frente al Registro Civil por séptima vez. Siete años de mi vida como bailarín de tango, siete años sacrificando giras europeas y sueños por ella, Luciana. Hoy, por fin, nos casaríamos. Mi corazón latía con la esperanza de siempre, pero la ansiedad se arrastraba por mi nuca. Entonces, el teléfono de Luciana vibró. Era él. Siempre era Iván. "¿Otra vez? ¿Tomaste tu inhalador? Voy para allá", dijo ella, con una máscara de disculpa ya familiar. Colgó y, sin mirarme a los ojos, anunció: "Iván tiene una crisis de asma. Tengo que irme". La frialdad se extendió desde mi estómago. "No", susurré. Por séptima vez, me dejaba plantado por el mismo hombre, la misma excusa. "¿Cómo que no? ¡Es una emergencia! ¿Un papel es más importante que mi amigo de la infancia?" me espetó, acusándome de egoísmo mientras huía. La dejó la fría palabra clavada en mí, a mí que lo había sacrificado todo por ella. Caminé sin rumbo, el bandoneón melancólico burlándose de mí. Hasta que vi la foto. La foto de Iván Salazar, publicada hacía solo diez minutos: Luciana en su estudio, con la leyenda "Contigo, mi mundo tiene color". No era una emergencia. Era una burla. ¿Cómo pudo hacerme esto? ¿Engañarme así, una y otra vez, mientras yo entregaba cada pedazo de mi alma? ¿Qué clase de perversa lealtad era esa, que la ataba a él y la hacía pisar mis sueños? Basta. La decisión me golpeó como un rayo. Me iré. Lejos de este tango tóxico, de esta ciudad que ya no me pertenece. Madrid me espera.
Su Violín, Su Venganza

Su Violín, Su Venganza

Anabel Ortiz, una prodigio del violín, encontró su mundo en Jacobo Herrera, un multimillonario del mundo de la tecnología que le prometió todo. Él la protegió, la colmó de regalos y se convirtió en su universo entero. Pero entonces, su media hermana, Evelyn, se mudó con ellos y todo cambió. Evelyn, un susurro manipulador en el oído de Jacobo, envenenó lentamente su relación, volviéndolo en contra de Anabel. Anabel, embarazada de su hijo, descubrió la traición de Jacobo en su aniversario. Él eligió a Evelyn, humillando a Anabel, obligándola a cambiarse de vestido porque "alteraba" a Evelyn. Luego negó su embarazo, la forzó a donar sangre para Evelyn y más tarde, en un ataque de ira, la golpeó, provocando que perdiera a su bebé. Jacobo, cegado por las mentiras de Evelyn, creyó que Anabel lo había engañado. Torturó y humilló a Anabel, despojándola de todo lo que le había dado, incluso el violín de su abuelo, que Evelyn destruyó deliberadamente. Anabel, rota y desesperada, fingió su propia muerte caminando hacia un incendio, con la esperanza de escapar de la pesadilla. Jacobo, consumido por el dolor y la rabia, fue manipulado por Evelyn para creer que Anabel era una mentirosa infiel. Buscó una venganza brutal contra Evelyn, pero la verdad sobre la inocencia de Anabel y el engaño de Evelyn finalmente salió a la luz. Mientras tanto, Anabel había encontrado refugio con su hermano, Adán, y había contraído un matrimonio de conveniencia con Julián Córdova, un héroe de guerra en coma. Ella lo cuidó hasta que recuperó la salud, y se enamoraron profundamente, construyendo una nueva vida libre de la sombra de Jacobo. Cuando Jacobo descubrió que Anabel estaba viva y se casaba con Julián, irrumpió en la boda, suplicando perdón. Pero Anabel, endurecida por su crueldad, lo rechazó fríamente, eligiendo su nueva vida y su amor con Julián, dejando a Jacobo solo para enfrentar las consecuencias de sus actos.
Amo de la perversión

Amo de la perversión

Rachel Ward se había convertido en la obsesión de Ludwig Reeves. Desde el momento en que la vio, juró que aquella mujer iba a ser suya. La chica mojigata de mirada profunda y perturbadora, labios sensuales y rostro angelical; se convirtió en un reto que no estaba dispuesto a rechazar, aún y cuando, su inocencia y timidez fueran un gran obstáculo para un hombre tan perverso. Después de aquella noche, en la que tuvo una probada del fruto de la tentación, del olor a inocencia, del ángel caído del cielo; decidió ir tras ella y satisfacer sus deseos más oscuros y prohibidos, sin saber que, aquel reto, se convertiría en su perdición; en la manzana prohibida de su propio paraíso. Una chica inocente y angelical entrará en un mundo oscuro y lleno de depravación que cambiará toda su vida de la noche a la mañana. Su ingenuidad será el motivo de sus desgracias y la causa por la que dos hombres se obsesionarán con ella y estarán dispuestos a hacerlo todo para tenerla. Un enfrentamiento que provocará terribles consecuencias y en la que solo uno será el gran vencedor. Reeves, hará lo que sea para quitar de su camino a todo lo que se interponga en sus planes de hacerla suya. El destino de Rachel estará en las manos del hombre más oscuro y peligroso, uno capaz de llegar hasta las últimas instancias para obtener lo que quiere, un hombre al que todos llaman... Amo de la perversión. Reeves, está aquí y ahora la quiere a ella. Identificador 2108259036837 Fecha de registro agosto-2021 © Todos los Derechos Reservados
Las manos de ella, la traición de él, el imperio de ella

Las manos de ella, la traición de él, el imperio de ella

Mis manos eran toda mi carrera, la clave de mi vida como una de las modelos de manos más cotizadas de la Ciudad de México. Mi prometido, Rodrigo, me había sacado de un pueblo perdido para darme un mundo de glamour. Yo creía que se lo debía todo. Luego, su novia de la preparatoria, Carla, me hizo un tratamiento de "lujo" en su salón que me dejó las manos con quemaduras químicas devastadoras, destruyendo mi carrera de diez años de la noche a la mañana. Rodrigo lo llamó un "accidente" y la defendió. Me dijo que Carla estaba tan afectada que quizá tendría que acompañarlo en nuestra luna de miel a Los Cabos para sentirse mejor. En nuestra cena de ensayo, cuando Carla insinuó que yo misma me había lastimado para llamar la atención, Rodrigo me humilló públicamente por hacerla sentir mal. Su despedida de soltero resultó ser una cita privada con ella. Encontré el acuerdo prenupcial que quería que firmara: si nos divorciábamos, yo no recibiría nada. Pero el golpe final llegó la noche antes de nuestra boda. Mientras dormía, me tomó del brazo y susurró su nombre. —Carla... no te vayas. Entonces me di cuenta de que yo era solo un reemplazo, un cuerpo tibio en la oscuridad. Mi amor por él había sido una estrategia de supervivencia en el mundo que él construyó para mí, y finalmente me estaba asfixiando. A la mañana siguiente, el día de nuestra boda, no caminé hacia el altar. Salí por la puerta sin nada más que mi pasaporte e hice una llamada que no había hecho en quince años. Una hora después, iba de camino a un jet privado, dejando que mi antigua vida ardiera en cenizas a mis espaldas.
Un Amor Verdadero, Una Vida Nueva

Un Amor Verdadero, Una Vida Nueva

El olor a metal y sangre llenaba mis pulmones, la vida se me escapaba segundo a segundo. Frente a mí, a través del parabrisas destrozado, vi a mi prometido, Diego, sacar a la otra mujer, Sofía, del coche, susurrándole palabras de amor que nunca me dedicó. Ni una sola vez miró en mi dirección, ni una sola vez se preocupó por saber si yo, Elena, su prometida, seguía viva. En ese momento, una voz fría y mecánica resonó en mi cabeza: "[El papel de la antagonista, Elena, ha concluido. La historia principal puede continuar sin obstáculos.]". ¿Antagonista? ¿Mi vida entera, mi amor, mi dolor, no eran más que el papel de una villana en la historia de amor de otros? Los recuerdos me golpearon: mi devoción ciega por Diego, impulsando su carrera con la fortuna de mi familia, mientras él me usaba como una herramienta. Luego Sofía, la "dulce" diseñadora que se convirtió en su "amor verdadero", y yo en la villana, la celosa, la obsesiva Elena. Pero lo peor vino después del accidente: Diego me retuvo prisionera, tratando de forzarme a cooperar con su plan. Y entonces, con crueldad indescriptible, mató a Coco, mi inocente perro, golpeándolo con un jarrón, dejándome sola con su cuerpo inerte. Esa escena me abrió los ojos: mi vida entera era una farsa orquestada, y yo, un simple obstáculo en su "final feliz", destinada a la destrucción. "Se acabó", les dije a mis padres, mi voz rota, aferrándome a la vida de Coco. "Me voy de aquí. Me voy lejos de él". Ahora, con una segunda oportunidad, ¿podría reescribir mi destino y encontrar mi propia felicidad, lejos de una historia donde yo era la villana condenada?
Del Amor al Odio: Su Caída

Del Amor al Odio: Su Caída

Después de cinco años de matrimonio y de darle un hijo, por fin me daban la bienvenida a la poderosa familia Garza. La regla era simple: da a luz a un varón y entrarás en el fideicomiso familiar. Yo había cumplido mi parte. Pero en el despacho del abogado, descubrí que mi vida entera era una mentira. Mi esposo, Mateo, ya tenía una esposa registrada en el fideicomiso: Valeria Gómez, su novia de la prepa que supuestamente había muerto hacía una década. Yo no era su esposa. Era una sustituta, un reemplazo para producir un heredero. Pronto, la "muerta" Valeria vivía en mi casa, durmiendo en mi cama. Cuando rompió deliberadamente las cenizas de mi abuela, Mateo no la culpó. Me encerró en el sótano para "darme una lección". La traición definitiva llegó cuando usó a nuestro hijo enfermo, Agustín, como un peón. Para obligarme a revelar la ubicación de Valeria después de que ella fingiera su propio secuestro, arrancó el tubo de respiración del nebulizador de nuestro hijo. Dejó que nuestro niño muriera mientras corría al lado de ella. Después de que Agustín murió en mis brazos, el amor que sentía por Mateo se convirtió en un odio puro y gélido. Me golpeó junto a la tumba de nuestro hijo, pensando que podría quebrarme por completo. Pero se había olvidado del poder notarial que yo había deslizado en una pila de escrituras de arquitectura. Lo firmó sin pensarlo dos veces, desestimando mi trabajo como algo sin importancia. Esa arrogancia sería su perdición.
El Último Aliento de Sofía

El Último Aliento de Sofía

"¡Señor Guzmán, por favor! ¡Son sus hijos!", supliqué, arrodillada en el frío suelo de mármol. Estaba a solo un mes de dar a luz a mis gemelos, los hijos de Ricardo Guzmán, el hombre que amaba. Pero a su lado, con una sonrisa venenosa, estaba Camila Pérez, su protegida y la famosa influencer del momento. "Sofía, nos estamos deshaciendo de un par de 'malas vibras'", dijo Ricardo, su voz fría como el metal. Estas palabras resonaron en mi cabeza, la superstición estúpida de un charlatán de redes sociales que estaba a punto de destruir mi mundo. Ricardo me había tildado de infiel y de bruja, manipulado por un "gurú" pagado por Camila. Me arrancaron a mis bebés por la fuerza, dos pequeños cuerpos que nunca tuvieron la oportunidad de respirar. "¡No! ¡No son malas vibras, son nuestros bebés!", grité, mientras me arrastraban. Después, me sometieron a la tortura física y psicológica, arrodillada sobre un cojín de espinas, sintiendo cada punzada. "¡Ella te lo confesó! ¡Ella lo planeó todo!", grité, rogando por su cordura. Pero él me empujó, y Camila, la verdadera manipuladora, apareció con una incipiente barriga de embarazada, declarando que esperaba al "verdadero heredero" de Ricardo. Mientras la agonía me consumía y la conciencia se desvanecía, sus risas brindando por el "éxito" y la eliminación de la "mala vibra" resonaron en mis oídos. Me golpearon, me humillaron, me arrancaron el colgante de jade, el último vínculo con mis hijos. Me obligaron a firmar una confesión falsa, amenazando la vida de mi único amigo, Diego. Con mi último aliento, me aferré a lo único que me quedaba: el nombre de Diego. Sofía Rodríguez exhaló su último aliento, sola, en una habitación llena de los fantasmas de lo que podría haber sido. Pero algo había cambiado en Ricardo. La culpa lo devoró al descubrir la verdad.
Nuestro Amor, Nuestro Universo

Nuestro Amor, Nuestro Universo

Yo era Sofía, la prometida de Ricardo Valente, el rey del tequila, el sol de Jalisco. Nuestro amor era de cuento de hadas, de esos que salen en las revistas. Hasta el día de nuestra boda. Frente a doscientas personas, frente a su familia, frente a Dios, le dije que no. Y no solo eso: un video mío con su mayor rival, Diego de la Vega, apareció en las pantallas gigantes. Mientras el caos estallaba, mis cómplices transfirieron cada centavo de su fortuna a un paraíso fiscal. Le entregué a Diego los secretos de su nueva fórmula de tequila. Lo dejé en la ruina, emocional y financieramente. Vi la incredulidad en su rostro convertirse en un dolor que me heló la sangre. "Sofía, dime que es una broma. Dime que no es verdad" , suplicó, arrodillado. Me incliné, le arreglé el moño de su charro y le susurré: "Nunca te amé. Y por cierto, el hijo que esperaba no era tuyo" . Mentí. Mentí en todo. Pero él no lo sabía. Vi cómo la última luz de esperanza se apagaba en sus ojos y me fui sin mirar atrás. Cinco años después, una voz metálica resonó en mi cabeza: "Anfitriona Sofía, el periodo de exilio ha terminado." El sistema me obligaba a volver a Jalisco para reparar la relación entre Ricardo y Mariana, la heroína perfecta. ¿Y si me negaba? "Consecuencia del fracaso: Aniquilación." Así, mi vida de lujo y libertad terminó. La villana debía regresar a escena.
La Heredera y Su Revancha

La Heredera y Su Revancha

El resultado positivo de la prueba de embarazo temblaba en mis manos. Llevaba tres años casada con Mateo y este bebé era la pieza que nos faltaba. Decidí que era el momento de decirle la verdad: yo era Sofía Alarcón, la hija del magnate de los medios más poderoso de México, Don Ricardo. Mi padre, por mi insistencia, invertiría en su empresa para salvarla. Pero todo se desmoronó con un mensaje. Una foto. Mateo abrazando a su socia, Isabella. "Celebrando nuestro futuro juntos. Te amo, mi vida." Mi corazón se detuvo. Y luego él entró. "Quiero el divorcio," soltó. No solo me dejaba, sino que se casaría con Isabella, porque según él, ella era hija del Senador Ramírez. "¿Estás escuchando la locura que dices?" le grité. La rabia me consumió. Mi mano se movió. ¡PLAF! Le di una bofetada. En medio de la discusión, me empujó. Caí. Un dolor agudo. La sangre. Estaba perdiendo a mi bebé. Desperté en el hospital, mi madre a mi lado, sus lágrimas confirmando mis peores miedos. "Lo siento mucho, mi amor. El bebé…" Él me lo quitó. Él y esa mujer. Me arrebataron a mi hijo. "Van a pagar. Se lo juro. Voy a destruirles." Y así, con el dolor aún fresco, les envié un mensaje. "Estoy lista para firmar el divorcio. Encontrémonos en el registro civil en una hora. Trae a tu socia. Quiero que todo quede claro." Llegaron radiantes, ella embarazada. Mateo me reclamó: "¿Y el bebé?" "Lo perdí." "¡Sabías lo importante que era ese niño para mí! ¡¿Cómo pudiste ser tan descuidada?!" La ironía me quemaba. Firmamos los papeles. Y diez minutos después, se disponían a casarse. "Disculpe, señorita," dijo la funcionaria a Isabella. "Hay un problema con su acta de nacimiento. Aquí dice que su padre es Ricardo… Ricardo A." Yo sonreí. "Qué extraño. Mi padre también se llama Ricardo Alarcón. Y recuerdo que una vez mencionó haber puesto a la hija de una empleada en su registro para ayudarla. Una niña llamada Isabella… Isabella García." El pánico en sus ojos fue mi primera victoria. Y la venganza, apenas comenzaba.
Cuando el Diseño Encuentra el Amor

Cuando el Diseño Encuentra el Amor

"Cásate conmigo, Sofía." La voz de Elías era firme, pero mi alma estaba hecha pedazos cuando se lo propuse a una mujer que apenas conocía. Hace poco, Valeria, mi prometida por años, la mujer en quien yo confiaba, me humilló frente a toda mi familia y a doscientos invitados en nuestra fiesta de compromiso, anunciando que yo no era "suficientemente hombre" para satisfacerla. Esa mentira, cruel y perversa, fue un golpe devastador que arruinó mi reputación y mi carrera de diseñador, convirtiéndome en el hazmerreír y el villano a los ojos de mi familia. Valeria no se detuvo ahí: se infiltró en mi hogar, manipuló a mi abuela, la única persona que me amaba incondicionalmente, alterando su medicación y, finalmente, causándole la muerte. Fui expulsado de mi propia casa, despojado de mi herencia, mientras ella se erigía como la nueva "protectora" familiar, pintándome como el ingrato traidor. La impotencia y la rabia me consumían, ¿cómo pudo mi familia creerle a esa manipuladora despiadada antes que a mí, su propia sangre? ¿Cómo podía deshonrar así la memoria de mi abuela? Pero cuando ya no me quedaba nada, cuando la desesperación me ahogaba, supe que casarme con Sofía, una extraña en un matrimonio por conveniencia, era mi última y única opción para recuperar mi vida y vengar a mi abuela, el inicio de mi propia y silenciosa revolución personal.