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La Herencia de Alba

Capítulo 2 Chapter 2

Palabras:1404    |    Actualizado en: 20/12/2021

pte

nas personas unidas en torno a unos intereses económicos. En Madrid, el servicio se había acostumbrado a tan singular comportamiento, incluso la cocinera ya no se tomaba

rticular había una siniestra razón que nos empujaba a abandonar Madrid: la gripe. La prensa española hablaba abiertamente de la epidemia que asolaba Europa y Estados Unidos y que llamaban «española» porque el brote más severo, del

edia mañana, arreciaba a mediodía y se acostaba temprano. Retomé la costumbre de veranos anteriores de pintar entre las ocho y las diez, antes de que se transformara el lugar en un hervidero de gente vociferante y de que el sol arruinara mi obra. Dentro de

alón corto y armado de un redeño y un cubo, se deslizaba entre las pozas en busca de los regalos que ofrecía el mar: cangrejos, quisquillas y pulpos. Busqué la sombra que proyectaba la ermita, desplegué la silla, me puse el mandil, abrí el maletín y me senté. Una vez fijada la hoja sobre el tablero con esparadrapo, la mojé con una brocha y la dejé secar mientras afilaba el lápiz y me

chico

me había percatado de que el modelo se había es

asiado lejos para apreciarse el parecido. En r

a. ¿Cómo sabe qué c

paciente, como si fuera un sacrificio estar quieto más de un m

idad innata y dedicación, es decir, que muestres cierta

usta pescar y tengo facilidad en conseguir buenos pulpos -alzó el cu

hico, a quien le calculé

no creo que un oficio forme pa

dre. Mi m

o lamen

Fue hace mucho. ¿Vend

ga demasiado viento me enco

ntará más de cerca

aré un retrato.

ca. Con el rumor de las olas como compañía, comencé a armar mi estudio portátil, saqué una lámina,

nos

risa de oreja a oreja-. Solo te necesitaré para realizar el esbozo y después podrás irte, ¿de ac

s, para serv

la oreja, al mentón. La roca sobre la que se había sentado tampoco era de su acomodo por cómo intentaba moverse sin que

necesitaré para algunos retoques. Mi

líneas ya me reconozc

de emplear mucho el lápiz. Ahora, marcha por ahí, me pone nervios

as. Yo me perdí en la mezcla de colores terrosos, en los rasgos del rostro inf

en lo cierto.

a a causa de la voz a mi espalda

con

su

e tan admirable chiquillo y me hallé frente al caballero de la estación. Nada en su actitud reveló que me

a algún acuer

qué se refiere? -in

obra por s

el juego. El caballero no era tan inocente como parecía. Me recordaba, pero se me esc

esetas el

r la ofensa. El hombre, sin dejar

stas callejeros son

París -contes

si sonriesen por mi falta

n poco lejos. ¿Tardar

de minutos

descuido en los detalles me ruborizó. ¿Cómo se pueden ge

or sup

ino. Escogí un color que destacase y firm

e quedo co

del día anterior q

s paisajes son más com

obra por u

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La Herencia de Alba
La Herencia de Alba
“Santander. Verano, 1918. Una abuela desconocida. Oscuros secretos familiares. Un amor poco adecuado. Alba Ansorena, hija de los marqueses de Lucientes, vive en la burbuja de comodidad propia de su aristocrática familia, aunque ella, a espaldas de sus padres, traza unos planes muy diferentes para romper con su destino. Acude con la familia a pasar un verano más en el Sardinero; sin embargo, en esta ocasión, el regreso de Cuba de una desconocida abuela sacará del armario familiar los esqueletos guardados que alterarán de forma drástica su apacible existencia. Al mismo tiempo, un atractivo viudo se cruzará en su camino. Tras un exilio de cinco años, Eduardo Arias ha regresado y levanta rumores de un escándalo en el pasado allá por donde va. A pesar de las advertencias y del vacío que la sociedad ejerce en torno del hombre, Alba no hace caso y transgrede las invisibles normas. La acción transcurre durante el veraneo de los reyes, de la Corte y del Gobierno en la ciudad de Santander, la cual permanece ajena a la primera guerra europea y al hambre que asola España por el encarecimiento de los alimentos, aunque no podrá escapar de la gripe que se convirtió en pandemia y que causó más muertes que el propio conflicto bélico.”