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La Herencia de Alba

Capítulo 8 Chapter 8

Palabras:967    |    Actualizado en: 20/12/2021

pte

as salas de juego. La abuela, flanqueada por nosotros, sus nietos, se dirigió a uno de los salones laterales con la seguridad de quien ha nacido para ello. En absoluto cohibida, saludó tanto a hombres como a mujeres. ¿De qué conocía a esa gente si acababa de llegar de Cuba? Allí se sucedían los grupos que charlaban distendidamente sentados alrededor de veladores o mesas algo más amplias; o bien, de pie. Mis padres y los tíos nos rodearon en cuanto se percataron de nuestra presencia. Mientras mi padre se mostraba

que te presente

an quince años. Noté que la abuela se giraba para poners

a, Alba. El señor Alejo Noguera, barón de Roa

correspondientes, mi madre iba a aña

istracciones a los veraneantes - indicó el s

me exhibiera como un caballo y mis padres no lo ignoraban. Los cuerpos bien alimentados de ambos pretendientes no dejaban lu

. Todos los años participo en el

que adjudican al deporte. Me limito

Le gustan los caballos? -avent

oce algún establo donde da

a contemplar las carreras o los concursos d

ientes-, no siempre vas a poder practicar un deporte com

descuide sus obligaciones. ¿No les parece, señores? Los tiempos cambia

muy diferente a la que había imaginado. No obstante, no hubo ocasión para respuestas, como era habitual en la

rarlo en plena forma y repues

eñor Guzmán con la mano extendida. El conde lo saludó cortés, aunque dejó entrever un g

chea, conde de Amurrio

n se hizo con la conversación con gran habilidad. E

encuentre excesivamente provincianos -se dirigió a la abuela-. Mientras ustedes hablan de política y de amistades comunes, ¿me pe

uela por mí-. Alba, acompaña al caballer

e la abuela, excepto el sarcasmo que subyacía en las

y enlacé el brazo que me ofrecía el conde de Amurrio. Al menos, mi

ios. Durante los tres bailes que compartimos, no dejó de saludar a diestra y a siniestra, sobre todo a muje

le parece si buscamos un refresco y salimos

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La Herencia de Alba
La Herencia de Alba
“Santander. Verano, 1918. Una abuela desconocida. Oscuros secretos familiares. Un amor poco adecuado. Alba Ansorena, hija de los marqueses de Lucientes, vive en la burbuja de comodidad propia de su aristocrática familia, aunque ella, a espaldas de sus padres, traza unos planes muy diferentes para romper con su destino. Acude con la familia a pasar un verano más en el Sardinero; sin embargo, en esta ocasión, el regreso de Cuba de una desconocida abuela sacará del armario familiar los esqueletos guardados que alterarán de forma drástica su apacible existencia. Al mismo tiempo, un atractivo viudo se cruzará en su camino. Tras un exilio de cinco años, Eduardo Arias ha regresado y levanta rumores de un escándalo en el pasado allá por donde va. A pesar de las advertencias y del vacío que la sociedad ejerce en torno del hombre, Alba no hace caso y transgrede las invisibles normas. La acción transcurre durante el veraneo de los reyes, de la Corte y del Gobierno en la ciudad de Santander, la cual permanece ajena a la primera guerra europea y al hambre que asola España por el encarecimiento de los alimentos, aunque no podrá escapar de la gripe que se convirtió en pandemia y que causó más muertes que el propio conflicto bélico.”